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COMUNIDAD: FARISEISMO O SERVICIO

Hoy es el Domingo XXXI del Tiempo Ordinario Ciclo A. Jesús nos llama este domingo, como lo hace todos los domingos, a vivir intensamente nuestra condición de hijos de Dios, todos iguales ante él y por lo tanto, iguales entre nosotros, hijos del mismo Amor de Padre y hermanos unos de otros. Domingo a domingo, Jesús, nos ha venido dándonos enseñanzas sobre el Reino de los Cielos, para que vivamos siempre en coherencia con la Buena Nueva que proclama en sus evangelios y que nosotros tenemos el deber vivirlo cotidianamente siempre en clave de amor que nos viene como don del Padre y en clave de servicio, como exigencia del evangelio, para hacer frente al mundo y a la ideología de la sociedad secularizada. ¿En qué sentido? Los cristianos y cristianas tenemos la honda conciencia de que todos los seres humanos somos iguales ante Dios y como decimos iguales entre todos, pero viviendo la realidad y constatándola en cada una de nuestras sociedades, como que va ganando, esa sociedad permisiva e indiferente con sus criterios de desigualdad casi en todo orden de cosas. Según sus criterios el desarrollo, el progreso, las oportunidades en esta sociedad globalizada se dan de una manera efectiva y son para todos los hombres y las mujeres; sin embargo, el contraste con que lo vivimos sigue siendo cargado de desigualdades y con ese manto de hipocresía, de un renovado fariseísmo. ¿Exageración? De ninguna manera, hoy más que nunca las desigualdades están a flor de piel, desigualdad por la tenencia del dinero (el mammón), desigualdad por el poder, desigualdad por los conocimientos, por las edades, por la condición social, desigualdad por la raza, por el sexo. El problema no es que existan diferencias entre nosotros, ciertamente esas diferencias son una riqueza para la sociedad misma; el verdadero problema radica en que, precisamente, por estas diferencias nos tratemos como si fuéramos unos más que otros, como lo hacían los fariseos y letrados del tiempo de Jesús.

No es que nos consideremos fuera del mundo, viviendo en el mundo, esto sería una tentación de puritanismo que avala las desigualdades y las injusticias tan evidentes en la sociedad actual. Somos conscientes que la Palabra de Dios, su Alianza Nueva y su Reino tienen mucho que ver con este mundo que vivimos, pero desde un compromiso radical, comprometido y al estilo de Jesús. Pero también constatamos que los cristianos y cristianas no hemos acostumbrado a vivir nuestra fe como algo individual y a participar de nuestra vida de fe y sacramental, muchas veces buscando sólo un contacto intimista con Dios y al margen de la realidad que vivimos cotidianamente. Estamos tentados a contagiarnos de los criterios del mundo cuando nos arrincona a las cuatro paredes de nuestros templos y parroquias para que sólo estemos en intimidad con un Dios que no nos pide compromiso ni testimonio de vida. Como en las lecturas de este domingo y más en el evangelio, Dios cuando se dirige a nosotros, pone en cuestión toda la realidad del mundo y de la sociedad misma, y pone en cuestión a la persona misma en su ser y actuar (a nosotros los cristianos y cristianas). Pone en cuestión nuestro compromiso que no puede ser sólo de palabras para no caer en la hipocresía de los fariseos y letrados. No olvidemos que en la Biblia la palabra “hipócrita” designa al hombre que desempeña y cumple un papel sin comprometerse radicalmente, por eso, Jesús nos advierte para que no seamos hipócritas, sino que seamos como él, porque todo lo que nos dice lo habla del Padre (de él mismo), lo que dice del Padre lo hace centro de su propia vida y su infinita grandeza se revela en el servicio que asume radicalmente, hasta al final, en favor de todos los hombres y mujeres. Jesús también nos advierte a todos sus discípulos y no sólo a los fariseos y letrados, para no caer en ese espíritu farisaico, que es la disociación culpable entre el decir y el hacer. El gran desafío del hombre y no sólo de los cristianos es vivir en la verdad, reconocerla y no esconderla ni ante sí mismo ni ante los demás (no hacer una fe intimista, sin compromiso o hipócrita). Por eso, Jesús, va insistirnos, como lo hace este domingo, en el peligro grande de manipular la fe, de utilizarla para esconder nuestra verdad, la verdad de Jesús y sus evangelios, y de ese modo, escalar posiciones y cargos de prestigio social, sin decirse de verdad que es un cristiano católico.

El fariseísmo que en este caso, engloba a los fariseos y escribas, es la antípoda del ser cristiano. Jesús, pues, nos advierte para que en el seguimiento y en las comunidades cristianas no reine el espíritu farisaico.Los fariseos y escribas eran los adversarios acérrimos de Jesús, tanto así, que esos términos son sinónimos de hipocresía religiosa. ¿Quiénes eran? Los escribas eran los expertos en la enseñanza de las Sagradas Escrituras y los fariseos, es el grupo dedicado al fiel y estricto cumplimiento de la Ley. Los fariseos fueron los que después de la época macabea, preservaron la fe de las asechanzas del paganismo y fueron ellos los que, después de la catástrofe nacional del año setenta, lograron rearmar a las comunidades judías que se mantuvieron fieles a su fe hasta hoy. El espíritu farisaico representa la perversión de las relaciones que unen al hombre con Dios y con los demás, esa perversión se denomina “legalismo” que es el conocimiento de todas las leyes (escribas y fariseos), menos la ley del amor. El legalismo reduce la ley a prácticas religiosas y normas externas, en lugar de interiorizar esa Ley. La más pequeña infracción legal es investigada, denunciada y condenada sin piedad, sin importar las deformaciones interiores o de dentro de la persona misma. El espíritu farisaico se manifiesta también en el exhibicionismo. El fariseo pregona sus buenas obras. Se ha fijado un sinnúmero de preceptos (603) y ha inventado la casuística, para poder evadirse del precepto fundamental: el amor desinteresado al prójimo. Se considera superior a los demás y se ha convertido en una casta; está seguro de poseer toda la verdad y se ve obligado a defender un orden inmutable. Rechazan la tradición viviente, y cualquier novedad es para ellos motivo de escándalo. Y cuando la fe se transforma en un fanatismo ciego y que se pone sólo al servicio de la Ley, del culto, del dogma, entonces se traiciona inexorablemente el espíritu de lo religioso que se caracteriza siempre como una postura de comprensión y de amor al prójimo, y por eso mismo, de humildad. Precisamente, el fariseísmo al que se enfrentó Jesús, es una categoría del espíritu, más que de un determinado grupo de personas. Una actitud permanente, más que un pecado ocasional. Como vemos en los evangelios, no fue la gente pecadora y antirreligiosa que se opuso abiertamente a Jesús, sino precisamente los más piadosos y religiosos del pueblo de Israel. El fariseísmo denunciado por Jesús es, pues, la sombra de la actitud religiosa, es por así decirlo, su trampa, su cara oculta. Una tentación abierta y capaz de desarrollarse en cualquier época y manifestarse en las situaciones más diversas. Por eso, Jesús nos advierte y sus palabras contenidas en el evangelio de este domingo no son para dejarnos indiferentes porque también ha sido escrito para nosotros; en otras palabras, no podemos considerar sus palabras como dirigidas a los escribas y fariseos, sino aquellos discípulos que habían caído en los defectos que Jesús reprocha a los fariseos y escribas. El fanatismo, cualquier fanatismo, pone las ideas y las estructuras que construye por encima del amor, llegando al desprecio y hasta el asesinato de los que no comparten su fanatismo, como hoy lo vemos desgarradoramente en los países de Siria e Irak y como en tiempos de Jesús le ocurrió a él mismo.

La Comunidad Cristiana en contraposición a las comunidades de los fariseos y escribas. Precisamente de la confrontación de Jesús con los fariseos y escribas surge la conciencia de una comunidad cristiana que sigue a Jesús. La comunidad para la que escribe Mateo, está formada por cristianos judíos que conocían el Antiguo Testamento, y viven la fe en Jesús no como una negación pero sí como una superación de la religión judía. Por eso mismo, esta mezcla de cercanía espiritual y ruptura con los judíos (fariseos y escribas) que seguían sólo con la Ley Antigua, hace que en el evangelio de Mateo se acentué la polémica con los representantes de la ortodoxia judía, los escribas y fariseos, aquellos que consideraban a los cristianos judíos como herejes. Además, los cristianos de la comunidad mateana son conscientes de que Jesús se había observado una conducta totalmente distinta a la de los fariseos y escribas. ¿Cómo así? Jesús hizo magistralmente lo que enseñó, él no reclamó honores y privilegios (¡siendo de condición divina, se abajó para hacerse un hombre cualquiera!), Jesús no cargó sobre los hombres y mujeres fardos pesados e insoportables sino que anunció con valentía la Buena Noticia del amor de Dios, la Buena Nueva de salvación y liberación verdadera, la Buena Noticia del amor, la esperanza y la alegría para todos. Tal era la fe y la convicción de los primeros cristianos de la comunidad para las que escribe Mateo. También vemos que en estas primeras comunidades cristianas existe una preocupación por no seguir el método y el mal ejemplo de los fariseos y escribas, sino el método y el buen ejemplo de Jesús; en esas comunidades nadie actúa como lo hacían los fariseos sino que todos intentan obrar como obraba Jesús. En las comunidades cristianas todos llevan la responsabilidad de un sacerdocio, y todos los fieles tienen la responsabilidad de la fraternidad, de progreso de todos y de cada uno, y ésta responsabilidad les compromete a mostrarse leales, a no llevar una doble vida, es decir, una vida hecha de prácticas cristianas y otra hecha con frecuentes faltas al sentido de caridad y de amor mutuo, adosada a la ambición de los primeros puestos. Las duras palabras para los escribas y fariseos no son sólo para ellos, sino también para aquellos que en las comunidades ejercen alguna autoridad. Jesús critica dos actitudes posibles que se puedan dar en las comunidades. En primer lugar, Jesús, critica la actitud de hacer valer la propia tarea de responsable para obtener un puesto privilegiado, es decir, ser reconocido, alabado, temido; lo que puede derivar en la falta de diálogo y aceptar opiniones diversas dentro de la comunidad. En segundo lugar, critica que nosotros no hagamos lo que predicamos. Lo que nos exige Jesús es que los que tienen alguna autoridad sean ejemplo de desprendimiento, de atención a los demás, de apertura, de creer firmemente en el amor de Dios y los evangelios. Por eso, en evangelio de este domingo no es sólo para los que tienen alguna autoridad, la crítica y el reproche de Jesús: “ porque ellos dicen, pero no hacen” es para todos los cristianos y cristianas. Todo cristiano si cree tiene que vivir el estilo de Jesús y debe ser ejemplo de esa fe que profesa, y dice que tiene fe en Jesús y no hace, demuestra una incoherencia consigo mismo y con Dios y es que el cristiano y cristiana que no vive como tal está desacreditando la fe en Jesús. Y si hace debe notarse, por encima de todo. No nos olvidemos que los cristianos presentamos, como lo expresa san Pablo a los Tesalonicenses, un modelo de vida valioso, distinto, según el estilo de Jesús. Y es lógico que los no creyentes tienen el derecho a criticarnos porque no hacemos lo que decimos.

El servicio como fundamento de la nueva comunidad fundada en el amor de Jesús.- Cuando Jesús funda su Iglesia sobre Pedro y los demás apóstoles, y les confiere unos poderes del todo extraordinarios, el mismo Jesús les inculca constantemente y demuestra con su propio ejemplo es para ponerlos al servicio de sus hermanos: “Los reyes de las naciones se portan como dueños de ellas…Ustedes no deben ser así. Al contrario el más importante entre ustedes se portará como si fuera el último y el que manda como el que sirve. Pues ¿quién es más importante el que está sentado a la mesa o el que sirve? El que está sentado ¿no es cierto?. Sin embargo, estoy entre ustedes como el que sirve.” (LUCAS 22,25-27). Esos poderes están, pues, para ponerlos al servicio de los hermanos. El ministerio instituido por Jesús es por esencia servicio, radicalmente un “servicio de mesa”. No puede enquistarse el ansia de poder y la codicia de mandar, como si el ministerio garantizara un status superior, unos privilegios que no están contemplados ni corresponden al evangelio. Jesús, pues, nos presenta en una síntesis extraordinaria el camino de servicio, de sacrificio y de humillación que es propio del cristiano. Establecida la diferencia entre la conducta de los escribas y fariseos y el que deben tener los discípulos, Jesús señala la verdadera grandeza de los cristianos: hacerse los últimos y siervos de todos. Es verdadero discípulo el que no se da importancia, el que no tiene posiciones que defender, el que está siempre en camino. Por eso, y esto es evidente a la luz del servicio impuesto por Jesús a la comunidad y a los discípulos, que la comunidad como Iglesia no puede limitarse a cumplir con sólo sus deberes, sino que tiene que hacer el bien y además hacerlo bien hecho, como Jesús su único Maestro.

El evangelio nos ha expresado, que Jesús ha pensado en una comunidad o iglesia donde nadie se sienta padre ni maestro ni jefe. Una comunidad hecha de hermanos donde todos han de encontrar un lugar y también su propia tarea de servicio a los demás. La Comunidad Cristiana no puede ser farisaica sino llevar al extremo el mandato del servicio. Como lógica consecuencia, nadie puede pretender monopolizar toda la responsabilidad ni acaparar las tareas que se hacen por el evangelio. El evangelio de este domingo nos ha llamado a que seamos una comunidad donde la simplicidad al estilo de Jesús sea manifiesta. Es más, los discípulos de Jesús tenemos que ser todos hermanos, al mismo nivel unos de otros, como afirmábamos si somos hijos del Padre somos iguales ante él y somos iguales como hermanos. En la Iglesia, en nuestras comunidades parroquiales y grupos cristianos tenemos que sentirnos con plena libertad los unos a los otros. Nos atrevemos a afirmar, como muchos, que en la Iglesia sólo tenemos y existen servicios y no cargos. Un servicio que tiene que ser útil a aquellos a quienes se presta. Porque como bien lo recalca Jesús, no son los de abajo los que tienen que servir a los de arriba, sino todo lo contrario. Todos, pues, estamos llamados a participar activamente dentro de la Iglesia, en cuanto que somos responsables de ella y de la misma misión. La tarea de los cristianos y cristianas es ir encontrando nuestro verdadero lugar en cada una de nuestras comunidades cristianas para un servicio activo, y potenciando la fraternidad y siendo responsables de la vida y la misión de la Iglesia.

PRIMERA LECTURA DE LA PROFECÍA DE MALAQUIAS 1,14b-2,2b.8-10.- “Yo soy un gran rey , dice el Señor del universo, y todas las naciones temen mi nombre. Esto es lo que os mando, sacerdotes: Si no escucháis y no ponéis todo vuestro corazón en glorificar mi nombre, -dice el Señor del universo, os enviaré la maldición. Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidando la alianza de Leví, dice el Señor del universo. Pues yo también os voy hacer despreciables y viles para todo el pueblo, ya que vuestra boca no ha guardado el camino recto y habéis sigo parciales en la aplicación de la ley. ¿No tenemos todos un mismo padre? ¿ No nos creó el mismo Dios? ¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros profanando la alianza de nuestros padres?”.

La lectura de entrada pone de relieve que el Señor es rey soberano y del universo. Todos estos títulos ponen de relieve la trascendencia de Dios. Dios es trascendente ante el tiemblan las naciones y nada se resiste a su poder. Este Dios se muestra celoso ante los sacerdotes del Antiguo Testamento que se sirven del culto para sus propias ganancias. Ya no son servidores de la Alianza. Leemos, pues, la severa advertencia de >Diod a los sacerdotes que no observan la Ley, pero que se las imponen a los demás: “no han sido parciales en la aplicación de la ley”. Si ellos no toman en serie el dar gloria al nombre de Dios, éste maldecirá las bendiciones que ellos den. Dios les dice, que han hecho de la Ley no una guía que ayude a vivir, sino una ocasión de tropiezo para el pueblo, de este modo han invalidado la Alianza. En Malaquías se censura un falso clericalismo en Israel, y esto, como vemos, no pasaba sólo en los tiempos de Jesús, sino 450 años antes de sus críticas durísimas contra los escribas y fariseos. Y del reproche de Dios a los sacerdotes está muy lejos de haberse superado en las actuales circunstancias que vive la Iglesia. El fundamento para tener un mismo padre y un mismo Dios, es precisamente en que tenemos un mismo Padre, y por lo tanto somos hermanos, y como esto no es practicado por los sacerdotes, se les reprocha tres cosas: Que no se pone la mayor gloria de Dios en primer lugar, sino que se predica una ética psicológica y sociológica puramente intramundana y al gusto del pueblo; en consecuencia, han hecho tropezar a muchos en la Ley, y es que los sacerdotes no comprenden la fe de la alianza, se distancian de ella, reniegan abiertamente de Dios; existe un favoritismo en la enseñanza del pueblo, es decir, se prefiere a ciertas personas y se olvidan del resto del pueblo de Dios. La amenaza ante estos métodos de los sacerdotes son severas: la maldición. Queda claro, sólo Dios es Padre, el único Padre de todos porque él nos ha creado. Todos somos hermanos y formamos el pueblo o la comunidad de Dios.

SEGUNDA LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DE SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 2, 7-9.13.- “Hermanos: Nos portamos con delicadeza, entre vosotros, como una madre que cuida con cariño de sus hijos. Os teníamos tanto que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habéis ganado nuestro amor. Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser gravosos a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Por lo tanto, también nosotros damos gracias a Dios sin cesar, porque, al recibir la palabra de Dios que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios que permanece operante en vosotros los creyentes”.
Pablo centra toda su enseñanza en una sola cosa: el evangelio. El que enseña no tiene que transmitir su propia doctrina, sino la de Jesús. Tal enseñanza no puede quedarse sólo a nivel de doctrina, sino que el mismo apóstol debe darse a los fieles a la vez que les entrega el evangelio, arriesga su vida, es solicito en la práctica de lo que enseña y se muestra lleno de cariño con los integrantes de la comunidad de Tesalónica. Pablo, pues, nos presenta una imagen ideal del ministerio cristiano; observamos también, algo no usual en Pablo, que trata a los tesalonicenses con mucho cariño y delicadeza semejante al de una madre que cuida al hijo de sus entrañas, y no muestra una conducta de funcionario rígido y que sólo viene a pedir cuentas, todo lo contrario, Pablo les hace participar en su vida de una manera personal, tal y como lo hizo también Jesús. Es importante lo que les expresa a los tesalonicenses, porque no quiere ser carga que sostener para ellos, es decir, su servicio por el evangelio, no debe ser una carga material para ellos, y por eso, se gana el pan diario trabajando con sus propias manos, y su mayor alegría consiste en que los tesalonicenses y las otras comunidades lo reconozcan como un servidor. Pablo se siente dichoso, porque los tesalonicenses han recibido la palabra de Dios por lo que ella es realmente, no una palabra de hombre, sino la Palabra de Dios que permanece operante en ellos. San Pablo considera ese cambio en la comunidad de Tesalónica no por obra suya sino por obra de la gracia del mismo Dios.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 23, 1-12.-
“ En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:” El inicio del evangelio es fundamental, en cuanto que no se dirige a los escribas y fariseos, sino a la gente y especialmente a sus discípulos. La denuncia que hace Jesús pretender abrirles los ojos para que conozcan la calidad de los que se proclaman maestros y se liberen de su poder. Como bien recalcamos, este evangelio también es para todos nosotros los cristianos de ayer, hoy siempre, porque la tentación del espíritu farisaico está presente siempre en las mismas estructuras de la comunidad cristiana.
“En la cátedra der Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.” Moisés es el primer legislador de Israel- En tiempos de Jesús, los escribas eran los profesionales de la ley mosaica, tenían gran influencia en la sociedad. Habían usurpado la función que tenían los sacerdotes y tanto escribas como los fariseos han sustituido la referencia a Dios, por un código minuciosamente comentado e interpretado, que ahogaban a las gentes.

“Haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vean las gentes: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gene los llame “rabbí!”.
El hipócrita parece tributar culto a Dios, pero no trata más que darse importancia a sí mismo. Pone su ciencia teológica al servicio de su egoísmo, aprovechando su erudición en la casuística para escoger entre los preceptos los que le convienen y cargando a otro de mandamientos de los que se dispensa a sí mismo. En lugar de conducir el corazón de cada hermano al encuentro personal con Dios en el plano interno de la decisión y de la libertad , hacen que toda la atención recaiga sobre los argumentos y los reglamentos demasiado humanos para que puedan ser signos de Dios. La hipocresía denunciada por Jesús, como hemos dicho, continúa siendo una tentación a lo largo de la historia de la Iglesia. Como vemos, Jesús les hace dos reproches: la incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen y el buscarse a sí mismos. Vemos que también Jesús no sólo está contra el comportamiento de los escribas y fariseos, sino también de su doctrina; y es que para Jesús, no sólo se trata de celebrar el culto y predicar, es imprescindible testimoniar la verdad de lo que se dice con el ejemplo de la propia vida. Además de no cumplir con lo que enseñaban, cargaron la ley con una enorme cantidad de minuciosidades y reglamentaciones que la hacían odiosa e insoportable. Se dice que la casuística rabínica es uno de los mayores absurdos que ha creado la mente humana. El segundo reproche es que se buscan a sí mismos, todas sus obras son fingidas, porque no lo hacen por Dios, sino para que los hombres lo reconozcan. Llevan las filacterias o colgantes con pequeños estuches que contenían fragmentos de la Ley, Jesús está contra estas filacterias y bordes de los mantos, sino que los textos los escribían grandes y esto lo hacían para que los mirarán y por pura ostentación.

“Vosotros en cambio, no os dejéis llamar “rabbí” porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno un solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.”

Jesús nos ofrece las características del verdadero discípulo. No deben ser llamados maestros. Todos se limitan a dar lo que reciben, Ninguno tiene nada por sí mismo. Jesús, insiste en la igualdad de sus discípulos. Nadie de su comunidad tiene derecho a rango o privilegio, el único maestro es el mismo Jesús. Nadie puede llevar el título de padre, y es que Jesús prohíbe reconocer otra Paternidad distinta de la de Dios. Los discípulos no tienen más modelo que el Padre, reflejado plenamente en Dios. Tampoco deben ser llamados jefes, que significa consejero y guía espiritual. Jesús se reserva también este título, es únicamente Jesús en cuanto Mesias, el que señala el camino y por ende es merecedor de seguimiento.

“ El primero entre vosotros ser{a vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Estas palabras condensan todo el mensaje bíblico de este domingo. Jesús nos señala el camino del servicio y de la humildad. Contra el deseo de preminencia, Jesús enuncia el principio que Ha de orientar a sus comunidad. Sólo Dios es nuestro juez y no los hombres.

Padre Miguel Velásquez Mercado O. de M.

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