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EL BUEN PASTOR QUE ABRE Y CIERRA LA PUERTA Y CAMINA CON SU PUEBLO

Nos encaminamos al Pentecostés de Dios, y la Palabra de Dios nos va llevando a comprender el profundo significado del Dios con nosotros y que se ha manifestado magníficamente en Jesús de Nazareth. Y en ese camino, el Padre nos presenta a su Hijo como el Buen Pastor que nos conducirá a todos los cristianos a la presencia del Padre manifestada en el Espíritu Santo y no sólo a nosotros sino a toda la humanidad. Por eso, Jesús se muestra como el portador del camino del Padre, no sólo es el Buen Pastor, sino la puerta del Reino de Dios, por Jesús toda la humanidad tiene acceso a la fe, y por ella a la visión de la Gloria de Dios, ese ver a Dios cada a cara y al contemplarlo nuestro ser se saciará eternamente de su presencia. En nuestro caminar cristiano resuena siempre la palabra clarísima de Jesús: “¡YO SOY LA PUERTA!” y no podemos dudarlo ni ponerlo a prueba, él nos conduce a la Casa del Padre significativamente expresado en el aprisco o redil y más aún Jesús mismo es el enviado de Dios, y esto lo manifiesta en toda su vida, en cada una de sus acciones u obras y en sus enseñanzas, en Jesús encontramos el profundo convencimiento de ser el que muestra a todos los hombres y mujeres el único camino que da vida. Los evangelios son el mejor de los testimonios de que Jesús era el Hijo de Dios, tanto así que los mismos discípulos y el mismo pueblo veían como él vivía, ese hablar distinto (“nadie ha hablado como éste”), su actuar con toda autoridad y convencimiento, y especialmente cómo él mismo amaba a todos; los apóstoles, discípulos y el pueblo, comenzaron a experimentar que no era sólo un profeta más ni uno de aquellos que ofrecían muchas cosas insustanciales y en balde, sino que experimentan vivamente que Dios mostraba a todos los hombres sus promesas de salvación, manifestar una nueva manera de vivir, un nuevo horizonte de futuro y felicidad y un estilo de vida que es capaz de transformarlo todo. Realmente Jesús estaba convencido de ser el portador veraz del camino de Dios, y esta presencia que cambia, que nos hace caminar siempre en ruta correcta es lo que hoy nos vuelva a recordar la Iglesia, para no buscar en otros líderes humanos (esos que ahora pululan en nuestras sociedades ofreciendo toda clase de salvaciones y felicidades terrenas) el único camino que nos conduce al Padre: Jesús de Nazareth, el Buen Pastor y la Puerta del Reino de Dios.

La obra maravillosa de Jesús de Nazareth, en su vida, sus acciones, su modo de hablar y su inmenso amor a todos, se convierte en testimonio de rectitud en su vida entregada por completo a los demás, especialmente a los que más sufren y tienen necesidad de él, de sus palabras de vida eterna, por eso, entendemos y el mundo también deberá entenderlo, que no es un sacrificio de balde, sin sentido, sino es como hoy lo vivimos en este tiempo estupendo de Pascua, un gozoso retorno a Dios en solidaridad plena con todos los hombres, especialmente de aquellos excluidos y oprimidos por la opulencia de las poderosos y de las sociedades consumistas y materialistas. La buena noticia de que Jesús es nuestro Buen Pastor se adosa otra fundamental y decisiva: “JESÚS ES LA PUERTA”, y efectivamente, las puertas del paraíso (del Reino de Dios) se habían cerrado con el pecado de Adán y Eva, y conviene a los planes del Padre que su Hijo descienda por la puerta celestial para que toda la humanidad vuelva a acceder al gozo eterno en la Casa del Padre. Y efectivamente, en el bautismo de Jesús en el Jordán se abren nuevamente las puertas del cielo: “ De verdad les digo: verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.” (JUAN 1,51). Por eso, Jesús es la puerta tras de la cual (como lo hacen las ovejas en el redil o aprisco) la humanidad puede ponerse a salvo y encontrar los pastos, es decir, el alimento que produce vida abundante, vida eterna. Jesús es la puerta, es la imagen de la libertad y de la confianza, no se entrará por las ventanas, por las azoteas, a escondidas. Jesús como puerta, es también la imagen de la confianza. Por Jesús podemos entrar en la Casa del Padre y salir para encontrar la vida y encontrar a Dios (“ver el rostro de Dios”).

Hablábamos de Jesús con un estilo de líder único para todos nosotros, y ciertamente lo es, en cuanto los otros no son la puerta del Padre, a pesar que puedan proclamarlo a toda la tierra y a todos los vientos, intentando engañarnos con alevosía. Y es que Jesús despierta en el ser humano todo lo bueno y estupendo que encierra su corazón y su mente para ponerlo al servicio de los demás, y más él nos conoce. Jesús nos impulsa, precisamente por que nos conoce, a ser hombres y mujeres íntegros, con respuestas exactas cuando así lo requiere el mundo; hombres y mujeres que van más allá de lo inmediato y efímero, que buscan su realización personal estimulando lo mejor que tiene el ser humano y que van tras el andar de Jesús de Nazareth. Jesús nos advierte, este domingo, que hay pastores o líderes que no entran por la puerta verdadera, esos falsos profetas que se han dado a sí mismos un encargo que no proviene de Jesús, de esos falsos profetas y líderes (pastores) que se sienten dueños y no servidores, que actúan en beneficio de sus propios intereses ya sean económicos y políticos, son los “ladrones y bandidos”; aquellos falsos pastores que ni guían, ni animan y menos conducen al pueblo a los pastos verdes que son el camino de Jesús, es decir, su verdad, su gracia y su vida.

Las imágenes del pastor y de la puerta, no otra significan que Jesús es el centro de la vida cristiana, de cada cristiano y cristiana y de la misma comunidad. A Jesús le reconocemos como el único Señor cuando nos habla en medio de tantas voces estentóreas y en el bullicio enloquecedor del mundo. Ser cristiano es creer en el único Dios que se ha manifestado en Jesús, y lo que nos define como cristianos es creer que Jesús es la puerta del camino que nos conduce al Padre, a la Casa del Padre, que entramos a través de la enseñanza de su Hijo. Como observamos en el evangelio de este domingo, los hombres religiosos (como los fariseos) prefieren la Ley (hoy el mundo y sus concupiscencias), los cristianos preferimos y optamos por Jesús el Viviente que va delante, nos acompaña y camina con nosotros, su nuevo pueblo, el Pueblo de la Nueva Alianza; que quede bien claro que los cristianos no somos serviles sino autónomos (de ahí la libertad para entrar por la misma puerta a la Casa de Dios). Entrar por la puerta es sobre todo adecuarse al modo de vivir y actuar de Jesús de Nazareth, convertirnos en sus portavoces fieles, en signos eficaces de su presencia y de sus mismas actitudes, obrando como él obró, sirviendo como él sirvió a la comunidad de discípulos. Somos sus ovejas, auque el término suene al oído del mundo como servil y sumisión; todo lo contrario, ovejas como personas integrantes vivos de una comunidad viva y creyente. ¿Acaso el pastor común y corriente de las ovejas, puede nombrarlas y ellas escuchar su voz? Ciertamente, no; y es que la Iglesia no es una masa amorfa y anónima guiada por un déspota y tirano desde las alturas del poder fatuo, sino que es un pueblo, una familia, una comunidad; Jesús nos hace personas libres y capaces, llama a cada uno por su nombre propio y único. A contrapelo del mundo y de su aparente igualdad en el trato y consideración a todos, Jesús nos valora, nos ama y nos salva a todo hombre y mujer que se acerca a él y vive sus evangelios. Jesús es el Buen Pastor no es un pastor ni un líder más. Es el modelo de pastor porque su obrar es únicamente por amor. ¿Por qué es un Pastor Bueno? Primero: da la vida por las ovejas; segundo: conoce a “sus ovejas” personal e íntimamente y es conocido por cada una de esas ovejas; tercero: cuida de todas ellas y no sólo de unas cuantas. Jesús es el único Pastor de la Iglesia, y esto mismo nos libera de todo tipo de servilismo y de cualquier culto a la personalidad.

Jesús el Buen Pastor que camina con su pueblo, con la comunidad y con la Iglesia. Un Buen Pastor que no saca provecho ni juega a sólo sus intereses, sino que maravillosamente sólo ama a sus ovejas, les da buenos pastos, es su amigo, cabeza, puerta, salvador, redentor. El Buen Pastor no nos seduce con promesas engañosas, sino que nos muestra el camino de la Vida y la libertad, precisamente va delante de nosotros, nos acompaña en el camino, en otras palabras, Jesús da la cara por nosotros frente al peligro, ofrece su misma vida por todos, no expone a la comunidad sino que se expone él mismo por la comunidad, en otras palabras nos ama y da su vida por nosotros. No nos olvidemos, Jesús es el único pastor y la única puerta, y no hay otro camino que el Camino de Jesús. Los que entramos y salimos por la puerta que es Jesús, nos esforzamos cada día por seguirle con toda fidelidad, que es el Camino, la Verdad y la Vida, no podemos desviarnos de su estilo de vida establecido en los evangelios.

Los domingos anteriores hemos vivido intensamente las apariciones de Jesús Resucitado. Este domingo las lecturas nos van preparando para la solemnidad de Pentecostés, y en ese sentido, nos ayudan a comprender quién es para nosotros Jesús Resucitado.

LA PRIMERA LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2,14.36-41.- Nos muestran las consecuencias que tuvo el discurso de Pedro que escuchamos el domingo anterior. La predicación del misterio de la muerte y resurrección de los apóstoles estaba destinada, como se puede entrever el domingo anterior, al cambio de vida y cambio de mentalidad. Al escuchar las palabras de Pedro como que los oyentes entienden que el misterio de la Pascua es radical y profundo, que todo el que oye hablar de todo lo que Jesús hizo por nosotros necesariamente se cuestiona el sentido de su vida: “El día de Pentecostés Pedro, poniéndose de pie junto a los Once, levantó su voz con toda solemnidad y declaró ante ellos: ‘ Por lo tanto, con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que el mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis. Dios lo ha constituido Señor y Mesías.’ Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ‘¿Qué tenemos que hacer, hermanos?’”. Verse traspasados es lo mismo que verse directamente aludidos e interpelados por la palabra de Pedro que hablan del misterio de la muerte y resurrección como la oferta de salvación de Dios, y de ahí que la respuesta de Pedro es directa: la conversión a Jesús con todo lo que ello significa de radical y profundo en la mentalidad y en el corazón: “ Pedro les contestó: ‘Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamará a sí el Señor Dios nuestro’. Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: ‘Salvaos de esta generación perversa’”. El misterio de la muerte y resurrección de Jesús es el misterio donde el Padre constituye a Jesús crucificado como el Señor y Mesías y por lo mismo no hay otro camino para la salvación, y esto precisamente conduce al bautismo como adhesión total a Jesús crucificado, y ese bautismo es una propuesta firme para vivir la misma vida de Jesús, su mismo morir que redime, su mismo amor y que se abre a su resurrección (ese cambio de mentalidad y de corazón que nos exige Jesús y la predicación de su muerte y resurrección). El resultado fue maravilloso al abrir la puerta del Reino de Dios a todos los que abren su corazón hacia una fe en Jesús liberador y redentor: “Los que aceptaron sus palabras se bautizaron y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.” Con el resonar de las palabras de Pedro, los cristianos y cristianas del siglo XXI tenemos la obligación de revisar el estado actual de nuestra radical adhesión a Jesús en toda nuestra vida cristiana y dejar siempre que Jesús nos acompañe, nos interpele y sea nuestro guía en todos los momentos de la vida. Y esto, debe ser siempre así, ¿por qué? Los cristianos y cristianas no se diferencian de los demás seres humanos porque usan un solo uniforme (masificados y codificados) ni porque realizan unas prácticas misteriosas (magia y sortilegios) sino porque tenemos un distinto modo de vivir, compartimos todo en comunidad y somos fieles a las enseñanzas de Jesús.

LA SEGUNDA LECTURA TOMADA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 2, 20-25.- Podemos calificar estos versos (20-25) como el himno bautismal, y es que el bautismo es una participación efectiva en el misterio de la muerte y resurrección de Jesús, y por eso, Pedro nos presenta a Jesús como el modelo de la verdadera Iglesia y como el ideal que todo ser humano puede acceder. No será tarea fácil ser cristiano en la “perversidad del mundo” que no cambia de corazón ni de mente tan necesarias para recibir a Jesús y vivir sus evangelios; para el mundo y su mentalidad materialista y racionalista no es concebible que un crucificado sea Dios y sea el único y verdadero camino hacia el Padre. Como escucharemos, la obra salvadora de Jesús se convierte en paradigma, en camino a seguir, un modelo de vida entregada por completo a los demás, especialmente a los que más sufren y son oprimidos, con ellos se solidariza al morir como cada ser humano. “Queridos hermanos: Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios. Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometido pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muerto a los pecados vivamos para la justicia”. Si participamos por el bautismo en el misterio de la muerte de Jesús, qué duda cabe como dice Pedro que sus heridas nos han curado, no es el sufrimiento por el sufrimiento, un sufrimiento sin sentido, sino una participación en su muerte que lleva a la vida verdadera, a la resurrección; “ Con sus heridas fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.” Esto es así, porque por el bautismo hemos sido incorporados al aprisco o redil de salvación que es la Iglesia de Jesús. En la comunidad de la Iglesia es donde podemos vivir en verdadera autenticidad en amor de Jesús, el Buen Pastor que nos redime y nos santifica. Sigamos al verdadero pastor y pidámosle que sea el guardián de nuestras vidas entregadas a él.

EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10,1-10.- Nos presenta la figura de Jesús el Buen Pastor que nos lleva al Padre, que da su vida por nuestra salvación, que nos alimenta con su Palabra y con su cuerpo y sangre; como hemos expresado, estos domingos se nos prepara para la solemnidad de Pentecostés, así como para comprender a la fe que hemos sido llamados y para ello debemos quién y qué es Jesús para nuestra vidas.

En la primera parte que va del verso 1 al 6, desarrolla una parábola centrada en el pastoreo. La imagen o figura del Buen Pastor es contrastada con la de los falsos pastores, los salteadores y bandidos. Nos da a conocer cuál es la actitud de las ovejas. Estas conocen la voz de su guía y se dejan llevar , y la actividad del pastoreo se concentra en sacar las ovejas y encaminarlas con su voz. Es importante notar que las ovejas no vuelven al antiguo redil o aprisco, sino que siguen la voz de su pastor quien las llama por su nombre y las conoce a todas: “ En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo, el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atiende su voz, y él va llamado por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.” La intención de la parábola es clarísima: mostrar a Jesús como el único pastor, dar orientaciones y criterios adecuados para que las ovejas puedan distinguir entre los verdaderos y falsos pastores, entre los líderes espirituales de los que puede fiarse y de aquellos a los que debe rechazar radicalmente. Por eso, es importante entender el sentido que da Jesús a las “ovejas”. Para el lenguaje bíblico conocer es sinónimo de experiencia, y escuchar la voz de Jesús, será precisamente advertir su presencia, asentir y obedecer. ¿Qué hace el Buen Pastor que es Jesús? La respuesta nos la da el Salmo 22, parafraseando, podemos expresar que Jesús nos hace recostar en verdes praderas, nos conduce hacia fuentes tranquilas, que repara nuestras fuerzas, que nos guía por el sendero justo, que camina con nosotros y que su bondad y misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida; la figura de Jesús como Buen Pastor evoca una autoridad en clave se servicio continuo y nunca como un poder despótico. Él camina delante de nosotros para cuidarnos de los peligros y las artimañas del mundo, de los ladrones y bandidos. La voz del Buen Pastor nos llama a seguir sus huellas, seguir su camino, su mismo sendero: subir al leño de la cruz, poniéndonos en las manos del Padre, como bien lo expresa el apóstol San Pedro.

En la segunda parte que comprende el verso 7 al 10, se desarrolla la figura o símbolo de la puerta, a diferencia de las puertas del Templo de la Antigua Alianza, Jesús es la puerta que conduce a la vida, al alimento. Las puertas de la ciudad eran lugares de juicio, en cambio Jesús es la puerta de salvación y no de condenación. Muchos se han presentado antes de la venida de Jesús o en lugar de él como la puerta al Reino de Dios, pero cometieron el error de soslayar y dejar de lado la mediación de Jesús, por eso mismo, se convierten en ladrones y salteadores. La actividad pastoral de Jesús, como bien lo hace notar Juan, es liberar a las ovejas del redil que las mantiene encerradas en la antigua Ley, él es la puerta permanente al éxodo que la comunidad cristiana debe realizar para ser el nuevo pueblo de Dios. Jesús es la puerta, una puerta sin cerrojos ni candados, pues no es para encerrar a nadie, sino que él mismo permite el ingreso libre y la salida de los que libremente decidan entrar y salir: “ Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por es añadió Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido ante de mí son ladrones y bandidos, pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hace estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante “.

La puerta es una figura entrañable y familiar, es una invitación al encuentro y es signo de apertura. ¿Cómo es Jesús, la puerta del Reino de Dios, y cómo es nuestra Puerta? En primer lugar, Jesús es la puerta de Dios, porque nos facilita el acceso al Padre, lo que se denomina la mediación de Jesús, en él, Dios se hecho accesible y cercano a todos los hombres y mujeres, Jesús es la puerta preciosa que se abre en su nacimiento y en diversas epifanías, como la Transfiguración, es la puerta que se abre en su ministerio público, invitando a todos a entrar por esa puerta, y quedarse abierta en forma definitiva en su Pasión. En segundo lugar, Jesús es la puerta que da acceso a un nuevo modo de vida en el que la injusticia, la opresión, la violencia, la exclusión, la indiferencia y la muerte, producto de una sociedad basada en la riqueza, el poder y la desigualdad, son reemplazados por la fraternidad, la igualdad, la solidaridad y el amor. En tercer lugar, Jesús es el don pascual de Dios , y abre ante nosotros la puerta para entrar en el Reino de Dios; precisamente el envío de su Hijo Jesús y la fuerza del Espíritu Santo son un abrirse una puerta (Jesús) que nos conduce a la presencia íntima de Dios; Jesús es la puerta, se abrió en su encarnación y no se cerró aún después de su muerte. En cuarto lugar, Jesús es la puerta de la libertad, de la confianza; decíamos que es una puerta que no tiene ni cerrojos ni candados y que no sirve para encerrar a nadie sino para permitir las entradas y salidas, es decir, por Jesús podemos entrar y salir para encontrar la vida y para encontrarnos con el mismo Dios (“ver el rostro de Dios”) y es la Puerta de entrada para todos y no sólo unos cuantos.

Por eso, Jesús se nos manifiesta como el enviado de Dios, la puerta abierta que invita a entrar en el Reino de Dios. No hay, pues, otro pastor ni otra puerta legítima y los que entramos y salimos a través de esa Puerta que es Jesús nos comprometemos y nos esforzamos por seguirle fielmente, sin desviarnos de su estilo de vida, escuchando su voz, caminado junto a él, seguros que nos conduce a la Vida. Creer en Jesús es afirmar que él es la puerta que conduce a la vida y a la felicidad, si estamos convencidos de que en él se muestra el amor de Dios y él es el Hijo, nos dejaremos empapar de sus palabras, de todo lo que hizo por nosotros, la manera cómo nos amó (hasta entregar su propia vida), esa disposición constante y maravillosa de estar siempre al servicio de los pobres y los débiles, y es que creer en Jesús es seguirlo a pesar de lo que pueda decirnos el mundo y sus concupiscencias, y es querer vivir como él, recorrer su mismo camino. En este domingo del Buen Pastor y Día Mundial por las Vocaciones sacerdotales y religiosas, Jesús se manifiesta y es para todos nosotros la Puerta y Pastor que nos guía por el sendero justo, nos alimenta con su Palabra y se entrega en la Eucaristía. Los cristianos y cristianas no podemos olvidar nunca la promesa de Jesús: “Yo soy la puerta. Quien entra por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará alimento”. Los cristianos y cristianas que respondemos prontamente a su llamada, que orientamos decididamente nuestra vida en la dirección que nos señala indefectiblemente su mensaje, contenido en los evangelios, y nos comprometemos en construir el Reino de Dios y encontrar la verdadera liberación.

Padre Miguel Velásquez Mercado O. de M.

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