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ASCENCION
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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR Y LA HUMANIDAD ASCENDIDA Y EXALTADA JUNTO A DIOS.

Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, como evento crucial en la contemplación del Misterio de Jesús: encarnado, viviendo su experiencia de existencia humana en medio de nosotros, padeciendo, muriendo en la cruz, pero resucitando por la fuerza del Espíritu de Dios, este paso o Pascua de Jesús que se completa necesariamente con su partida anunciada en los anteriores domingos, es decir, su ascensión a los cielos, donde también ascendemos como humanidad entera por mediación absoluta de Jesús y para que para finalmente podamos recibir en la solemnidad de Pentecostés el fuego del Espíritu Santo que camina, vive y nos guía a todos los hombres y mujeres, a los cristianos y cristianas hasta la consumación del mundo, cuando seamos glorificados, igual que Jesús, por el Padre. No olvidemos que Jesús es la fuente y la cumbre de la revelación, nos muestra a Dios en su plenitud y ese Dios se nos da a conocer en y por Jesús. Él a lo largo de su vida, va descubriéndonos el perfil de Dios, va dibujando su rostro lleno de amor y de misericordia, nos lo da a conocer para que cuando todo esté ya cumplido y haya realizado la misión encomendada: volver, ascender al Padre. Tampoco olvidemos que Jesús no es un difunto, sino Alguien vivo que está presente en el corazón de la historia humana y en nuestras propias vidas, y como siempre expresamos, ser cristianos es ser testigos de esa Buena Nueva y más es encontrarnos cada día con Jesús lleno de vida y de Espíritu que nos alienta a vivir su misma vida y a cumplir su misma tarea en todos los confines del mundo.

¿Qué es ascensión? Deriva del latín “ascendere” que significa “subir, dirigirse hacia arriba”. En el Nuevo Testamento para una comprensión más extensa tenemos expresiones significativas: ‘Exaltado’, “Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (FILIPENSES 2,9); ‘Glorificado’: “ Ahora Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese”. (JUAN 17,5) ‘Voy al Padre’: “ Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre”.( JUAN 16,28); ‘Subo al Padre’: “Dícele Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios,” (JUAN 20,17); ‘Fue llevado al cielo’: “Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.” (MARCOS 16,19); ‘entró en su gloria’: “”¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria”. (LUCAS 24,26) .

¿Qué tipo de acontecimiento es la Ascensión de Jesús? Por la significatividad de las palabras del Nuevo Testamento que hemos citado, notamos que no es un acontecimiento que se identifica de por sí con la resurrección de Jesús. La exaltación junto a Dios o la ascensión al seno del Padre se atribuye algunas veces directamente a Jesús cuando dice: “subo, voy, entró” y otras se le atribuye al mismo Dios por la fuerza de su Espíritu: “fue levantado, fue llevado hacia el cielo”; sin embargo, la ascensión no es evento separado de la resurrección de Jesús, sino más bien el paso de Jesús desde este mundo hasta la vida eterna de Dios, a través de la misma resurrección, tal y como se trasluce y es implicado en la Primera Lectura de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1,1-11 donde se habla de la ascensión después de cuarenta días de haber resucitado. En las citas que hemos transcrito, también observamos cómo el mismo Jesús a través de los cuatro evangelios, quería hacer visible y palpable esta su ascensión o elevación, a pesar de que después de su muerte había subido inmediatamente al seno del Padre; además, la muerte para los hombres (como lo fue para Jesús) es el abandono del mundo y el fin de los sentidos del cuerpo; en cambio la resurrección es la entrada en el mundo de Dios, el comienzo de la vida sobrenatural, y la muerte para Jesús no otra cosa significa que ir al Padre: “Me voy al Padre” les dice a sus discípulos.

¿Qué es entonces, desde la dimensión cristiana la Ascensión de Jesús, que hoy celebramos? Es el anonadamiento extremo (la kénosis) de Jesús, pero este anonadamiento es causa directa de la exaltación de Jesús, y lo que es más trascendental para la toda la humanidad, es que no sólo entra el Señor Jesús, sino con él, todos los redimidos por su muerte y resurrección, y lo que es más significativo es que lo hace no de una manera sobrenatural, sino que nada menos entra a través de la oscura y tenebrosa puerta de la muerte al mundo de Dios, como decíamos al inicio de esta reflexión, es el paso de la misma Pascua de Jesús. ¿Cómo es ese paso que da Jesús? Él con un solo paso, ha saltado de la cruz ignominiosa a la gloria del Padre, al mundo de Dios que no conoce las vicisitudes terrenas, y allí (en el seno del Padre) nuestra humanidad rescatada permanece en Jesús, permanece con él resucitado y que es la cabeza de la Iglesia que ya goza de la glorificación del Padre. ¿Cómo es exaltada la humanidad? Por mediación de Jesús, la humanidad es decir, todo hombre y toda mujer, logra escapar de la limitación terrena, poniendo el pie de nuevo (el paso como Jesús) en la vida eterna del Padre. ¿Cómo nos ayuda la reflexión de la teología de los Padres de la Iglesia (la Patrística) a comprender la exaltación de Jesús y de la humanidad a la gloria eterna del Padre? Con solidez de en sus fundamentos y de buen talante. Desde la dimensión cristológica: afirma que con la ascensión se alcanzó la cima de la encarnación, y cobró su real dimensión la humanidad entera (Cf. Filipenses 2, 1-11); desde la perspectiva antropológica: la humanidad ha sido glorificada en Jesús y ha sido llevada a la dignidad más sublime, en contra de aquellos piensan que se desprecia al cuerpo o sólo se lo toma como fuente de pecado; desde la perspectiva antignóstica: los Padres afirman que la carne, la corporeidad, ha sido salvada y ha sido elevada plena y definitivamente en la vida eterna de Dios que por esencia es incorruptible e inmortal.

¿Los cristianos y cristianas, cómo entendemos y vivimos la Ascensión de Jesús? No entendemos asertivamente el misterio de la Ascensión, es decir, nos cuesta y nos tardamos mucho para verificar el “paso de Jesús” a la Gloria del Padre; estamos, como se dice, en continuo camino, en la cuesta pesada para entender el misterio de Jesús que se ha entregado por todos nosotros, sin embargo, con cada Pascua que celebramos, con cada celebración de la Ascensión, con cada Pentecostés, la mano firme y salvadora de Dios siempre se tiende hacia nosotros y nos eleva más y cada vez más a su Reino eterno, a su Gloria Celestial, y porqué no decirlo que los cristianos y cristianas vamos penetrando en cada Pascua, Ascensión y Pentecostés, un paso más en el interior del misterio de Dios y de su amor para con todos nosotros. Y nuestro vivir como cristianos, es precisamente, seguir a Jesús hasta el resplandor del reino celestial, hasta el corazón mismo del Padre, lleno de amor y misericordia; y en consecuencia, nuestra vida de fe es un paso, una subida hacia la Casa del Padre, de celebrar siempre la Pascua, pasamos de las cosas mundanas y terrenas a las cosas de Dios, pasar y subir a lo alto, al cielo, en habitar en lo celestial.

¿Cuáles son las conclusiones asertivas que podemos sacar de esta celebración y ponerlas en clave de esperanza para la humanidad entera? En primer lugar: No podemos centrarnos únicamente en el contenido del acontecimiento de la ascensión, sino que debemos de darle todo el sentido que tiene las imágenes y las categorías culturales con que se ha revestido, no hacerla una fría subida al cielo, a la Casa del Padre, sino recobrar todo el sentido de fiesta y de regocijo; en segundo lugar: Relacionar íntimamente la ascensión con la resurrección como paso de Jesús de sus existencia terrena a la del Reino del Padre, el mundo nuevo, escatológico (como vemos en la primera lectura), llena de la fuerza glorificante del Espíritu Santo; en tercer lugar: valorar que la ascensión es un aspecto específico de la glorificación de la humanidad de Jesús (y por ende, nuestra humanidad), su colocación junto a Dios, su elevación a la participación de la vida de Dios, su exaltación por encima de todas las criaturas; en cuarto lugar: Jesús, por su ascensión a los cielos no se aleja de ninguna manera de su Iglesia ni la deja sola, es su Cuerpo, tampoco se aleja de la historia humana ni del mundo, sino que su nueva condición de existencia (llena del Espíritu) le permite estar realmente presente a lo largo de todos los tiempos, aunque de una forma misteriosa, en la espera de su gloriosa manifestación a todos los hombres en su segunda venida con el mismo resplandor de la transfiguración; en quinto lugar: la presencia real de Jesús, que lo constatamos por su muerte, resurrección y ascensión, se hará plenamente visible en la segunda venida del Señor Jesús; en sexto lugar: La Ascensión de Jesús no es una marcha que nos deje desamparados, sino fundamentalmente el paso del testigo, del relevo, de Jesús a los cristianos y cristianas, para que continuemos como él, su misma tarea de anunciar la Buena Nueva a los pobres y en todos los confines del mundo para que resuene el pregón del Dios Vivo; en sétimo lugar: la Ascensión de Jesús, nos permite examinar nuestro peregrinar en la tierra y considerar que volverá para llevarnos consigo y que, por lo tanto, hay que reemprender con ánimo y entusiasmo de testigos las tareas diarias recuperando en todas ellas el valor inmenso de eternidad.
LA PRIMERA LECTURA DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1,1-11.- En primer libro (evangelio), Lucas nos narró el nacimiento y la infancia de Jesús; ahora en su segundo libro nos narra el nacimiento y la infancia de la Iglesia que continúa la misión de Jesús a través del testimonio que debe dar en el mundo y hasta los confines del mismo. Y los detalles con que nos lo presenta, permite con facilidad comunicar el misterio que celebramos en toda profundidad. Escuchemos: “ En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: ‘aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Y ciertamente Jesús Resucitado con muchas apariciones deja a sus discípulos convencidos de que ha vencido a la muerte, y completa con sus instrucciones el Reino, es decir, la Iglesia, y como vemos les promete el bautismo de Espíritu Santo que requiere una buena disposición. Pero los discípulos siguen aferrados a su antiguo pensamiento, es decir, sueñan con un Mesías y un Reino Mesiánico afincado en la tierra y entrañablemente político: “ Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: ‘Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?’”. Jesús con su respuesta meridiana insiste en orientarlos hacia el Espíritu Santo, él les dará la luz para comprender el sentido espiritual del Reino; humildad para ser instrumentos dóciles a Padre; vigor y audacia para ser los testigos de Jesús en todo Jerusalén y hasta los confines de la tierra: “ Les dijo:’ No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta el confín de la tierra’”. Escuchemos ahora el relato de la Ascensión: “ Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quito de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:’ Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo’”. En estos versos, debemos tener cuenta la “nube” que tradicionalmente en las Escrituras es el signo que vela(oculta) y revela la presencia de Dios, tomemos un ejemplo: “ El día que se erigió la Morada, o sea la Tienda de las Declaraciones divinas, la Nube la cubrió y desde esa tarde hasta la mañana siguiente…(NÚMEROS 9,15). Y la nube que esconde el cuerpo de Jesús, tiene pues, un significado profundo, no sólo es la nube que acompaña y guía, sino es la nube del Sinaí y envuelve a Moisés con el misterio para recibir los Diez Mandamientos. La nube es el símbolo de la cercanía de Dios, presencia, pero ese mismo Dios es trascendente, es santo Los cristianos y cristianas a Jesús lo veremos por la fe y en los sacramentos (el velo del que nos habla Números). Que significa ¿Qué hacéis plantados mirando al cielo? La intención de Lucas es llamar la atención sobre la importancia y necesidad de los discípulos entremos en acción. ¿Por qué? Hasta antes de la ascensión, todo lo había hecho Jesús y Dios, y llega el momento de una ruptura obligada para la Iglesia, como Comunidad, en que Ella tiene que salir de sí misma, de su pasividad gozosa de la Pascua (ese contemplar y no hacer nada) para afrontar la tarea de la evangelización. Es la llamada a poner manos a la obra evangelizadora; tiempo de trabajar y hacer el trabajo bien hecho de la evangelización, seguros de que Jesús estará presente y nos escuchará. Jesús nos dará la inspiración en el momento más oportuno de nuestra tarea y compromiso de anunciar y realizar las obras de misericordia; seguros de recibir su aliento y ánimo cuando nos asalte la impaciencia y el deseo de dejarlo todo, de darnos fuerza para seguir atendiendo a nuestros enfermos y ancianos, da darnos la fortaleza para hacer frente a las tentaciones del mundo, y más fuerzas para seguir llevando nuestra cruz y comprender que desde el compromiso cotidiano con los demás, experimentaremos que ya en la tierra podemos anticipar la vivencia de los valores y los bienes del cielo.

LA SEGUNDA LECTURA DE LA CARTA DE SAN PABLO A LOS EFESIOS 1,17-23.- Contiene una fórmula de alabanza o acción de gracias a Dios y una petición para que los efesios tengan el conocimiento como un don especial, como carisma, no es un conocimiento intelectual sino un conocimiento de experiencia que utiliza el lenguaje bíblico cuando se relaciona con Dios. Pedirle del don de la sabiduría significará una experiencia de fe y de amor, no un conocimiento de las cosas. Ese don de la sabiduría que lleva al conocimiento y a la aceptación de la voluntad de Dios, porque como hemos dicho, ese conocimiento es una experiencia de amor, ese conocer es amar a Dios y es ver a Dios con los ojos del corazón, y esto hace que conozcamos la esperanza a la fuimos llamados, por lo mismo, a la herencia que todos esperamos, y también conocer el poder de Jesús que se manifestó en la exaltación de Jesús resucitado. Y así la oración de Pablo se convierte en la gran afirmación del poder y la riqueza de Dios que se ha manifestado en Jesús.

Lo más trascendental es que a una comunidad tan pequeña, como lo eran las primeras comunidades, se le da como cabeza al mismo y único Señor del Universo. La comunidad, como dice Pablo, es el cuerpo de Jesús, y él reúne a la Iglesia, es decir, a todos en un solo cuerpo; además de ser la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, ella es la plenitud de Jesús, y Jesús ejerce un poder basado en el amor, con ese mismo amor con que se entregó por todos nosotros hasta la muerte en la cruz. Y si todo es de Jesús, Pablo está desmitificando el mundo con sus poderes perniciosos y manifiesta el poder de Jesús en la edificación y crecimiento de la Iglesia. Y así, Pablo, nos dice que desde Jesús el hombre es más majestuoso que los astros, más valioso que todo el cosmos, es un dios. Leamos: “Hermanos: El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la os llama, cual la riqueza de la gloria que se da en herencia a los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder a favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo sino en el futuro. Y ‘todo lo puso bajo sus pies’, y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ellas es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos”.

EVANGELIO DE SAN MATEO 28, 16-20.- La Galilea había sido el principal escenario de la vida de Jesús entre nosotros, de Galilea eran los apóstoles, menos Judas; en Galilea habían sido instruidos en las enseñanzas del Maestro, y allí les convoca para comunicarles la plenitud de sus poderes. Es interesante cómo Mateo coloca a Jesús Resucitado sobre un monte, como lo había hecho en comenzar la predicación de Jesús con el discurso de la Montaña y la proclamación de las bienaventuranzas y también en la transfiguración. Como sabemos, en todo el discurso bíblico, el monte es por excelencia el lugar de la manifestación de Dios, de las teofanías. Y es en una montaña, donde el nuevo pueblo de Dios es constituido como una comunidad destinada a la proclamación del evangelio por medio del discipulado, a la consagración trinitaria de los bautizados y a ser fieles a las enseñanzas de Jesús, y él es garantía de una presencia continua y efectiva. No olvidemos que Mateo no presenta la Ascensión de Jesús la sobreentiende, pero si hace hincapié en la misión de la Iglesia y de todos los que la integramos. El escenario es magnífico y el momento muy especial, porque el Maestro deja su testamento y se despedirá de todos aquellos que convivieron con él durante cuarenta días, tiempo en el cuál se les aparecía; también es el acto y certificación de la fundación del Nuevo Reino de Dios, termina la Alianza Antigua y Jesús Resucitado funda la Alianza Nueva, la Iglesia y otorga a su apóstoles la misión y los poderes para llevar la salvación a todos los confines del mundo. Leamos y veamos la actitud de los apóstoles: “ En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado: Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron”. Como decíamos, los discípulos, en este caso los once, tuvieron la dicha de convivir con Jesús Resucitado y el tiempo de cuarenta días aunque sea un símbolo, expresa muy bien, el conocimiento que debían de tener de Jesús, y como sucede en las primeras apariciones a Pedro y a los demás discípulos, también a los de Emaús, aún se respira la “duda” que había sembrado Tomás, esa dureza de corazón que siempre tenemos todos para ver el “paso” de Jesús al Reino del Padre, de su vida en la tierra hacia la vida nueva y eterna con su Padre, y de pronto (como nos sucede hoy a los cristianos y cristianas tan bombardeados por el materialismo y el hedonismo) como que las dudas son una condición permanente del discipulado; así, durante todo el camino hacia Jerusalén (como puede verse en el evangelio de Lucas) la duda acompañó a los discípulos, especialmente en la mentalidad que se tenía sobre el papel del Mesías prometido. Y aún en este momento tan especial para toda la humanidad, como es la fundación del nuevo Pueblo de Dios y del anuncio de la Nueva Alianza las dudas estallan en el corazón de algunos de los discípulos sobre el significado del Mesías, ellos tenían una concepción particular del Reino de Dios que radicaba sólo en los elegidos y sólo con el pueblo judío y el esquema de Dios los descuadraba, no cabía en la mente de algunos discípulos que Jesús venía a dar un mensaje universal, que Dios no era para unos cuantos sino para todos los hombres y mujeres, para toda la humanidad. La comunidad de los discípulos lleva en sus adentros estos dos sentimientos contradictorios: “adorarlo (postrarse) y dudar, como Pedro ante las olas tempestuosas: “Jesús le dijo:’ ‘Ven.’ Pedro bajó de la barca y caminaba sobre el agua para llegar a Jesús. Pero al fijarse en el violencia del viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse…Al instante Jesús extendió la mano, diciendo: ‘Hombre de poca fe, ¿ porqué dudaste?’”. Jesús mira a sus discípulos con compasión y ternura, leamos: “Acercándose a ellos, Jesús les dijo: ‘Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Id , pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos`”. Vemos, pues, antes de que Jesús confíe a sus discípulos la misión, los acoge y perdona, y el encargo es claro: la enseñanza del mensaje y su puesta en práctica y así el evangelio termina con la misión o evangelización. Y les promete a los discípulos y a todos nosotros que en desarrollo de esta misión y especialmente en las dificultades que se puedan presentar estará siempre a nuestro lado, es la presencia personal de Jesús en la Iglesia y presencia personal en cada cristiano y cristiana. Presencia mística y oculta (velada, como la nube del Sinaí), pero presencia real, gozosa y dinámica. La Iglesia es la continuadora de la todas las enseñanzas de Jesús, recibe de él, los poderes y el mandato, el derecho y el deber de proclamar el Evangelio a todos los confines de la tierra; de hacer discípulos y bautizar a todos los hombres y las mujeres que decidan aceptar el Evangelio de Jesús de Nazaret, Resucitado y Ascendido a la derecha del Padre.

Y así, la Ascensión representa para Jesús la culminación de la misión en la tierra, su exaltación y glorificación y la Iglesia la continuadora de la misión de Jesús, él a quién se le ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra, es quién los envía a empezar la historia del nuevo pueblo de Dios, los envía en la misión de siempre de la Iglesia: convertir por la predicación de la Palabra y el testimonio, bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo haciendo llegar la acción de los sacramentos y enseñar a guardad sus mandamiento y a vivir en caridad. Los cristianos y cristianas, que vivimos el tiempo que va desde la Ascensión de Jesús hasta su venida gloriosa y definitiva, tenemos ante nosotros un tiempo de trabajo y de responsabilidad , de tarea y compromiso. Los cristianos y cristianas creyentes en Jesús, convencidos y animados por la presencia de Jesús Resucitado y de su Espíritu, tenemos la obligación de comunicar a los demás, de palabra y de obra, con un estilo de vida que sea creíble el mismo mensaje de Jesús Resucitado. En un mundo donde abunda la desesperanza, tenemos que ser portadores de esperanza y de ilusión jubilosa; en medio de un mundo tremendamente egoísta, los cristianos tenemos que mostrar un amor desinteresado, especialmente por los que más sufren; en un mundo que vive lo inmediato y más lo material, se nos pide a los cristianos ser testigos de los valores que perduran.

Padre Miguel Velásquez Mercado O. de. M.

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