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EL BAUTISMO DE JESÚS: BAUTÍZAME “DÉJAME AHORA, PUES CONVIENE QUE ASÍ CUMPLAMOS TODA JUSTICIA”

Celebramos hoy, el Domingo del Bautismo del Señor, culminando el Tiempo de Navidad e iniciando el Tiempo Ordinario correspondiente al Ciclo “A”. El domingo pasado celebramos la Epifanía del Señor y veíamos absortos y maravillados a Dios manifestándose hecho niño en Belén, hoy lo vemos manifestado y manifestándose ante Juan Bautista en el río Jordán.

El evangelio de este domingo pertenece al prólogo del evangelio de Mateo y forma parte al espacio dedicado al comienzo del ministerio público de Jesús. El contexto del relato que hoy leemos está antecedido por la polémica entre Juan Bautista con los fariseos y saduceos, Juan como hemos visto en los domingos de Adviento, busca algo nuevo, y más salir de todo un ritualismo externo en las relaciones con Dios, que no quiere cambiar un ápice sino mas bien, mantener el status quo, y seguir en lo de siempre. Fariseos y Saduceos no ven posibilidad de evolución en el judaísmo, y es que para ellos reconocerse como hijos de Abraham basta y es suficiente. También ayuda a comprender el relato de Mateo todo el contexto de las purificaciones promovidas por los fariseos como centro de su relación con Dios, y puesto que en Israel se había desarrollado una práctica de ritos con agua para ser purificados no sólo los judíos sino los conversos. Juan Bautista no fue el primero en bautizar a la gente, los mismos judíos bautizaban a los prosélitos convertidos a su fe, pero no bautizaban a otros judíos, ya que ellos no podían imaginarse a sí mismos como necesitados del bautismo, como hemos señalado anteriormente, les bastaba se hijos de Abraham. Es de notar también, que se bautizaba con agua corriente al que no era judío para purificarlo de sus idolatrías. Sin embargo, el bautismo de Juan Bautista es muy diferente: practicaba un bautismo que preparaba la llegada del Mesías, un bautismo de purificación, de conversión. Por cierto, era muy común entre los judíos la práctica de lavarse con agua como signo de purificación. La fe de Israel se fijaba mucho en las impuresas, en las cosas que podían hacer impuro al hombre, sobre todo cuando venía de fuera, para no ser considerados impuros. Claro está que el bautismo de Juan Bautista en el Jordán tenía este mismo sentido de purificación; pero, su bautismo, tenía una connotación diferente: se realizaba una sola vez para el perdón de los pecados y para vivir efectivamente la conversión, un cambio radical de vida ante la llegada inminente del fin de los tiempos. Es decir, Juan Baustista, sabía que estaba cerca la llegada del Mesías de Dios, y por eso, prepara esta venida con el bautismo, llamando a la conversión del corazón, invitando a dejar atrás todo aquello que separa de Dios y lavándose externamente como signo de la conversión interna: “Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: ‘Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.’ Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad del camino del Señor, enderezad sus sendas…Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego… En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.” (Mateo 3, 1-3.10.12).

El significado de esta fiesta del Bautismo del Señor la marcan con suma claridad la primera y segunda lectura de este domingo, y podemos ver que esta celebración del Bautismo de Jesús va mucho más allá de la narración de un hecho más o menos costumbrista que realizaban diferentes sectas en el río Jordán, especialmente de judíos que bautizaban a los prosélitos. Isaías en su cántico del Siervo de Yavé, hace un cántico al libertador del pueblo oprimido y que los primeros cristianos han identificado inmediatamente con Jesús. En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un resumen certero de la vida de Jesús. En las tres lecturas se habla del Espíritu Santo como una presencia determinante en la acción salvadora de Dios. Efectivamente, el bautismo de Jesús es un hecho histórico, y la manera de contarlo vás más allá de una simple crónica de sucesos. Por eso, cada evangelista acentúa los aspectos o elementos que más le interesa para destacar la idea que va a desarrollar en su evangelio. Recordemos que el hecho del bautismo de Jesús, lo narran Marcos, Mateo y Lucas, los Hechos de los Apóstoles aluden el bautismo de Jesús varias veces y Juan hace referencia al bautismo como un dato sobradamente conocido, lo que es más convincente que si el evangelista Juan lo contara expresamente y como su propia versión: “ Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y le dice: ‘He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo… Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado en Israel.’ Y Juan dio testimonio diciendo: ‘he visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Yo no lo conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautizará con Espíritu Santo. Y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios” (Juan 1, 29.31-34). ¿Por qué los evangelistas narran el relato del bautismo de Jesús? Hay que afirmar, que los primeros cristianos tenían un altísimo concepto de Jesús, y a pesar de ello los evangelistas lo colocan explícitamente, sin embargo, no fue fácil explicar el bautismo de Jesús por Juan Bautista a los primeros cristianos, y ahí tenemos la respuesta: si a pesar de las dificultades de colocarlo y encajarlo en los cuatro evangelios, los cuatro lo colocan, es que era una tradición muy antigua y no se podía dejar de lado ni quitarla ni hacerla desaparecer.

Al iniciar el comentario a la Fiesta del Bautismo del Señor, decíamos que esta fiesta se entiende mejor y con mayor significación con las dos primeras lecturas. En la primera lectura de Isaías 42,1-4.6-7, encontramos un misterioso personaje conocido como Siervo de Yavé. ¿Quién es? Lo que interesa es que a este “Siervo de Yavé” los primeros cristianos han reconocido o identificado con Jesús; como podemos verlo claramente cuando el apóstol Felipe bautiza al eunuco de Candace: “ … El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: ‘Fue llevado como una oveja al matadero; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así él no abre la boca. En su humillación le fue negada la justicia; ¿quién podrá contar su descendencia? Porque su vida fue arrancada del la tierra.’ El eunuco preguntó a Felipe: ‘Te ruego me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de otro?’ Felipe entonces, partiendo de este texto de la Escritura , se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús.” (Hechos 8,32-35). ¿Cómo los primeros cristianos llegaron a identificar a Jesús con el Siervo de Yavé? Con el suceso de la ejecución del Señor Jesús un 7 de abril del año 30 d.C. Y es que los discípulos se preguntaban el cómo era posible que la vida de un hombre bueno y justo haya terminado en semejante muerte y en semejante fracaso, y buscan en las Escrituras una respuesta y la encuentran en Isaías en el relato del Siervo de Yavé, que después de un proceso inicuo, es quitado y sacado de en medio por aquellas mismas personas a quienes él quería liberar. Y comprenden que Dios no salva dando victorias, éxitos, dominio de poder, sino mediante la aparente derrota, la humillación por parte de los enemigos mediante el don maravilloso de la vida, y lo dicho por Isaías se ha cumplido cabalmente en Jesús de Nazareth. El Siervo elegido lleva el derecho a todas las naciones, hasta hacer triunfar en el mundo la justicia de Dios que es benevolencia y salvación. No se impondrá por la fuerza. No gritará. No alzará la voz. No abrirá los labios. No será intolerante. No condenará a nadie. Recuperará a quien se ha equivocado en vez de destruirlo. Reconstruirá con paciencia y respeto todo lo que estaba en ruinas. Será luz de las naciones. Y ciertamente, para los primeros cristianos y para los cristianos del siglo XXI es el mismo Jesús, nuestro Redentor y Salvador.

En la segunda lectura de Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 (extendiéndola hasta el verso 34) es el dilema de si se podía admitir a los gentiles (paganos) al bautismo y tenemos el discurso claro y contundente de Pedro sobre este aspecto. Ciertamente, Pedro como judío, era reacio a concederles la gracia del bautismo y es que pensaba como el resto de los judíos que los demás pueblos eran inmundos. Pedro comienza su discurso con la fuerza del Espíritu Santo: “ Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación, el que le teme y practica la justicia le es grato” (Hechos 10,34-35). Y en los versos 36-43 resume con toda exactitud y claridad la vida de Jesús. El Señor le revela en Jope (Hechos 10, 11-16) que ninguna criatura de Dios es impura ni profano. Delante de Dios todos son iguales y él es el Señor de todos. Jesús,pues, se empeña decididamente contra toda forma del mal, contra todo lo que impide la vida digna del hombre. Como vemos, la tarea a realizar fue difícil y llena de compromisos. Pero Jesús logró llevarla a término porque estaba lleno del Espíritu del Señor. Y también lo hicieron sus apóstoles.

ÉVANGELIO DE MATEO 3,13-17. El relato del bautismo en el Jordán intenta concentrar en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús.

“ Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él” (v. 13)

Aquí es importante hablar sobre los lugares bíbicos que tienen con frecuencia un significado teológico, son más que simples lugares geográficos. El lugar el bautismo de Jesús, es especificado claramente por San Juan: “Esto ocrurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando “ (Juan 1,28). Así, pues, la tradición ha localizado el episodio en Betania, el vado por el que también el pueblo de Israel, guiado por Josué, atravesó el río, entrando en la Tierra Prometida. En el gesto de Jesús, de hacerse bautizar en este lado del Jordán, se hacen presentes el recuerdo explícito del paso de la esclavitud a la libertad y al comienzo de un nuevo éxodo hacia la Tierra Prometida. Además, Betanía, tiene otra particularidad significativa: los geólogos afirman que es el punto más bajo de la tierra: 400 metros sobre el nivel del mar. La elección de comenzar precisamente aquí la vida pública no es una simple casualidad. Jesús viene desde las alturas del cielo (figurado en la Galilea) para liberar a los hombres, ha descendido hasta el abismo más profundo (figurado en el vado de Betania) con el fin de mostrar que quiere la salvación de todos, aún de los desalmados, aún de aquellos a quienes la culpa y el pecado han arrastrado a una vorágine inconcebible de la que nadie imagina que se pueda salir. Dios, pues, no olvida a ninguno de sus hijos.

“Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘ Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿ y tú vienes a mí?” (v. 14). En tiempos de Jesús, muchas sectas religiosas practicaban el bautismo. El rito tenía mucho significado, pero sobre todo uno importante: la inmersión, con ella se indicaba la muerte de un individuo, es decir, su vida pasada, quedaba cancelada, como arrastrada por un torrente y con la salida del agua tenía lugar el nacimiento de un hombre nuevo, a quien también se le daba un nombre nuevo. Juan el Baustista realizaba esta ceremonia para acoger a aquellos que deseaban formar parte de sus discípulos. Bautizaba a quien deseaba cambiar de vida para prepararse a la venida del Mesías, anunciada como inminente. La primera condición para recibirlo era el reconocimiento de los pecados; por eso, los fariseos y saduceos, que se consideraban justos y sin pecado no sentían la necesidad de hacerse bautizar: “ Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos” (Lucas 7,30). Recordemos también que el mismo Juan Bautista trata a los fariseos y saduceos con dureza: “Raza de víboras, ¿ quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?” (Mateo 3,7). Volvamos al verso 14, si tal era el significado del bautismo de Juan bautista no se comprende la razón por la que Jesús quiso ser bautizado. Por eso, Juan Bautista se sorprende que Jesús se presente para se bautizado. Como sabemos Juan proclamaba un bautismo de arrepentimiento y los que se bautizaban confesaban sus pecados. Jesús no tiene nada de que arrepentirse ni nada que confesar. ¿ Qué significa el gesto de Jesús si él no tenía que cambiar de vida? ¿Ese gesto de pedir ser bautizado significaba que Juan Bautista era superior a Jesús? ¿Cómo clarificar esta dificultad que se presenta a los primeros cristianos? Mateo percibe bien esa dificultad y por eso, introduce el diálogo entre el Bautista que rechazaba bautizar a alguien superior a él y Jesús que insiste ser bautizado.

“ Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.’ Entonces le dejó.” (v. 15). El diálogo brevísmo entre Jesús y Juan Bautista es exclusivo del evangelio de Mateo y es introducido por Mateo para evitar dificultades ante la pregunta ¿cómo es posible que Jesús se ponga por debajo de Juan y se someta a un bautismo para el perdón de los pecados? En este diálogo, Mateo expresa claramente que Jesús rompe todos los esquemas del mesianismo judío. Y es que no es el bautizar a Jesús lo que le cuesta a Juan Bautista, sino el significado de su bautismo que predica, puesto que trastoca radicalmente la idea de un Mesías juez poderoso, y que Juan Bautista manifestaba en sus discursos, y se acerca más a lo que hemos expresado en el significado y el contenido de la primera lectura del “Siervo de Yavé”. Jesús, pues, insiste en ser bautizado para que se cumpla “toda justicia”. ¿Qué se quiere afirmar? En Mateo lo “justo” es cumplir la voluntad de Dios, Jesús deja claro con el Sermón de la Montaña que justicia verdadera incluye más que su simple observación; requiere ir más allá de la letra de le ley (la Torá) para honrar el espíritu que se encuentra detrás de ella. Por eso, Jesús le recalca a Juan Bautista: “ conviene que así cumplamos toda justicia”, es decir, que ambos cumplan la voluntad de Dios, lo que él quiere. Juan Bautista debe,pues, aceptar y colaborar a la realización del proyecto de salvación de Dios, ésta es la justicia. Ciertamente la petición de Jesús presenta aspectos misteriosos e incomprensibles, incluso hace tambalear a Juan Bautista, siendo él una persona espiritualmente madura encuentra dificultad en aceptar al Mesías de Dios en estas condiciones, ¿cómo así? : queda totalmente sorprendido, asombrado cuando ve al Santo, al Justo, junto a aquellos pecadores a quienes, según la lógica simple y humana deberán ser desechados, aniquilados. Se abre paso la nueva justicia de Dios que como hemos visto Juan Bautista se resiste en aceptar, pero es invitado por Jesús para unirse al proyecto del Padre.

“Bautizado Jesús, salió del agua.; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él” (V. 16). Sólo después de ser bautizado, desde su propia experiencia interior, Jesús, trasciende el mensaje de Juan Bautista y comienza a predicar su propio mensaje, en el que la idea de Mesías y Dios, que el Juan Baustista había predicado, queda notablemente superada.

Veamos en este verso 16 dos imágenes que nos presenta Mateo, que más que el bautismo describe las señales o imágenes escatológicas:

1).- “Se abrieron los cielos”. No es que entre las nubes densas y oscuras de improviso se haya filtrado un rayo luminoso del sol que lo alumbrase todo; si hubiera sido así, Mateo no se habría tomado la molestia de narrar un detalle tan banal y sin interés alguno para nuestra fe. Mateo está aludiendo de modo explícito a un texto del Antiguo Testamento del Profeta Isaías y hace recordar la historia del pueblo de Israel. En los últimos siglos antes de Cristo, se había extendió en el pueblo la creencia de que el cielo se había cerrado. Yavé, indignado por los pecados e infidelidades de su pueblo, se había recluido en su mundo, poniendo fin al aviso de sus profetas y rompiendo todo diálogo con los israelitas, y ellos se preguntaban: ¿ cuándo terminará el silencio de Dios que tanto nos angustia? ¿No volverá Dios a hablarnos, no nos mostrará su rostro sereno como en tiempos antiguos? Tanto era el desasosiego y la desesperanza que le invocaban de esta manera: “ Pues bien, Yave, tú eres nuestro padre. Nosotros la arcilla, y tú el alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros. No te irrites, Yavé, demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa. Ea, mira, todos nosotros somos tu pueblo.” (Isaías 64,7-8). Y expresaban con deseo íntimo: “ Ojalá rasgases el cielo y bajases” o en la traducción de la Biblia de Jerusalén: “ Ah si rompieses los cielos y descendieses” (Isaías 63,19). Mateo, pues, afirma que con el comienzo de la vida pública de Jesús, los cielos se rasgaron, se abrieron. Mateo da sus lectores y a los primeros cristianos la noticia sorprendente: Dios ha escuchado la súplica de su pueblo, ha abierto de par en par el cielo y no lo cerrará ya más, la casa del Padre permanecerá eternamente abierta para acoger a cada hijo que desee entrar, nadie será excluido. La comunicación entre Dios y los hombres que había quedado interrumpida por la culpa de la infidelidad del pueblo, es ahora posible gracias a la total fidelidad de Jesús. La distancia insalvable entre Dios y el hombre queda superada para siempre.

2).- “El Espíritu que bajaba en forma de paloma”. Veamos, Mateo no dice que una paloma haya descendido del cielo, éste sería un dato que no sirve para la fe, nos dice que Jesús vio al Espíritu de Dios que bajaba del cielo “en forma de paloma y venía sobre él”. ¿Qué se quiere decir? Que probablemente se esperaba la venida del Espíritu de Dios como un fuego devorador de los malvados. El Espíritu, sin embargo, baja sobre Jesús y se posa como una paloma, que siempre es símbolo de ternura, afecto, bondad. Movido por el Espíritu Jesús se acercará a los pecadores siempre con dulzura y la amabilidad de la paloma. La venida del Espíritu sobre Jesús es de especial importancia, porque algunos rabinos pensaban de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras. Al venir sobre Jesús se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Jesús es el templo donde el Espíritu Santo encuentra su morada permanente, y además, ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

“ Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (v. 17). “La voz del cielo” era una expresión usada frecuentemente por los rabinos cuando querían atribuir a Dios una afirmación. En Mateo tiene por finalidad definir, en nombre de Dios, la identidad de Jesús. Es claro que este verso ha sido compuesto después de los acontecimientos de la Pascua y para responder a las interrogantes suscitada por los discípulos por la muerte ignominiosa del Maestro. Ante sus ojos Jesús aparecía derrotado, rechazado y abandonado por el Padre. Sus enemigos, los custodios y garantes de la pureza de la fe de Israel le habían condenado por blasfemo. La pregunta que les inquietaba : ¿Está Dios de acuerdo con esta sentencia? Por eso, a los cristianos de su comunidad, Mateo les refiere el juicio de Dios en tres textos del Antiguo Testamento:

Salmo 2,7: ESTE ES MI HIJO. “ Voy a anunciar el decreto de Yavé: Él me ha dicho: ‘Tù eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.”. En la cultura semítica el término “hijo” no sólo indicaba la generación biológica sino que también implicaba la afirmación de una semejanza. Presentando a Jesús como su Hijo, Dios asegura de reconocerse en él, en sus palabras, en sus obras y sobre todo en su gesto supremo de amor. Es el don de la vida. Quien quiere conocer al Padre sólo tiene que contemplar a este Hijo, contemplar el rostro de Jesús.

Génesis 22, 2.12.16: MUY AMADO, EL PREDILECTO: “ Díjole a Isaac: ‘Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac…Dijo el Ángel: ‘No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temerosos de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tú único… Y dijo: ‘Por mí mismo juro, oráculo de Yavé, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único.” Aplicando a Jesús este título de muy amado, el único(predilecto), Dios nos invita a no considerarlo como un rey o un profeta cualquiera, Jesús es, como Isaac, el único, el amado.

Isaías 42, 1: MI ELEGIDO EN QUIEN ME COMPLAZCO: “ He aquí mi siervo, a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi Espíritu sobre él; dictará ley a las naciones.” Esta expresión la hemos leído en la primera lectura de este domingo del Bautismo del Señor. Dios declara que Jesús es el siervo de quien ha hablado el profeta, él es el enviado a establecer el derecho y la justicia en el mundo y ofrecerá su vida para llevar a cumplimiento su misión.

Así, pues, el encuentro con Juan Bautista fue para Jesús una experiencia que dio un giro a su vida. Después del bautismo del Jordán, Jesús no regresa a su trabajo en su ciudad de Nazareth, tampoco se adhiere al movimiento de Juan Bautista. Su vida se centra ahora en un único objetivo: proclamar y gritar a todos la Buena Noticia de un Dios que quiere salvar al ser humano. Y al concluir el tiempo de la Navidad tan intensamente vivido por cada uno de nosotros y por cada una de nuestras comunidades católicas en el mundo y volver al Tiempo Ordinario, al celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor, es una magnífica oportunidad para recordar vivamente nuestro propio bautismo. Somos hijos de Dios. El Padre nos ama como a sus hijos queridos. Dejemos todo aquello que no nos hace dignos de este nombre de hijos de Dios y vivamos cada día, mirando el rostro de Jesús, que se sumerje en las aguas del Jordán para salir del mismo, lleno del Espíritu de Dios, él único que hace sentir la alegría de sabernos amados por el Padre, comprometidos como Jesús en su proyecto de salvación que ha iniciado precisamente con su bautismo y nos llama a vivir nuestro propìo bautismo en clave de Jesús amado y favorecido por Dios.

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