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¡LA PALABRA DE DIOS, VIVA Y EFICAZ!

JESÚS NUESTRA ESPERANZA Y SU EXIGENCIA DE ESTAR DESPIERTOS Y VIGILANTES SIEMPRE CONTEMPLANDO EL ADVIENTO Y NAVIDAD HOY.


JESÚS Y EL ADVIENTO.

Iniciamos el Tiempo de Adviento correspondiente al Ciclo B, tiempo de preparación para la solemne celebración de la Navidad de Jesús. Cada uno de los cristianos que vivimos este tiempo de globalización, secularización y pandemia a nivel mundial debe proponerse vivir intensamente este tiempo fuerte y santo en nuestra Iglesia Católica. Los símbolos exteriores como preparación de la Navidad, como son: la corona de Adviento, adornos en las casas, oficinas, lugares de trabajo, sirven y expresan la espera del nacimiento de Jesús, aunque focalizarnos y ponernos como algo fundamental llevan a no comprender el verdadero puesto central y único de la Navidad del Señor.


Sin embargo, no bastan los símbolos externos y adornos, el armado del Nacimiento o los cantos de los villancicos para prepararnos para la celebración jubilosa de la Navidad. El sentido del Adviento es llevarnos sobre todo a una preparación y purificación profunda para el encuentro con Jesús, en el hoy de cada día, así como cuando llegue el encuentro definitivo con Él. Nuestra fe nos enseña que al final de los tiempos Jesús vendrá en toda su gloria y esplendor. Será el día de su última venida. Es un día del que nadie sabe i el día, ni la hora, por ello, no debemos afligirnos ni llenarnos de incertidumbre cada vez que alguien anuncia el fin del mundo fijando año, día y hora. Nada tiene que ver con coincidencias de números en el calendario, o supuestas fechas de los adivinos y magos llenos siempre del esoterismo. Los cristianos nunca debemos prestar oídos a quienes aseguran saber la fecha del fin del mundo. Lo más probable es que el día de su última venida será para cada uno aquel día en que uno se muera y salga de este mundo para poder ser juzgado por el Señor Jesús. Por ello debe vigilar todo cristiano, para que no los encuentre desprevenidos y llegue Jesús de manera imprevista, y el cristiano no esté preparado. Por eso, conviene avivar la conciencia de que en este mundo sólo somos peregrinos hacia la patria definitiva, y que de lo que se trata es de conquistar la vida eterna.


¿Pero qué sucede en nuestro mundo, en nuestras sociedades tan secularizadas, atea y en el mismo ser humano? Una inmensa multitud de hombres y mujeres viven como si esta vida lo fuera todo. Sumergidos por las vanidades de este mundo, ocupados y llenos de diversión en tantas cosas, como ellos mismos expresan: estamos aprovechando mientras podemos y como realmente pueden el tiempo presente, el hoy, no esperan ya en nadie, no esperan ya a ningún salvador ni menos a un Salvador que es Jesús. Tampoco creen que nadie, al final de sus días, les tomará cuentas, les enfrentará a un juicio final. Aunque probablemente creen en Dios, viven como si Dios no existiera. Además, sus planes, sus proyectos e ilusiones, sus esfuerzos, luchas y sacrificios tienen como meta última solo a esta vida terrena y olvidan- menos quieren hablar- la eternidad que se les avecina. Sus máximas aspiraciones, sobre todo si son jóvenes, son llegar a ser alguien exitoso en la vida, tener una excelente carrera, gozar de algún prestigio ganado, tener dinero más que suficiente, disfrutar de los placeres sin límites que les ofrece la sociedad hedonista y materialista, esos goces y placeres deben estar exentos de límites morales, es decir, sin límites morales, formar una familia sin que el matrimonio signifique unirse para siempre y hasta que la muerte lo separa, sino mientras dure el amor.


La esperanza del ser humano en las actuales circunstancias, marcadas intensamente por la pandemia, está puesta en el éxito, aunque sea éste tan pasajero como efímero al fin de cuentas. No es de extrañar que tantos que sólo ponen sus esperanzas en lo que ven, en lo palpable y medible, en lo visible y pasajero, terminen pensando que la felicidad como estado permanente para el ser humano es una cruel ilusión, un engaño, que no existe la felicidad y que lo único que se puede lograr sólo son algunos momentos fugaces de alegría, gozo o placer. Desde la contemplación de lo que es el ser humano y la sociedad actual es pertinente efectuar las siguientes preguntas: ¿Pero es lo que ofrece este mundo lleno de vacías vanidades e ilusiones de momento todo lo que el ser humano puede esperar, todo a lo que puede aspirar? ¿Existe algo consistente, que permanezca para siempre, que sea fuente de gozo perenne? ¿Qué pasa con aquellos que esperamos más? ¿Con quienes percibimos fuerte la necesidad del Infinito, la necesidad de ser felices no sólo por unos momentos, sino para siempre? ¿Qué ocurre con quienes no nos contentamos simplemente con pasarla bien para luego sentirnos nuevamente vacíos, huevos, solos, abandonado, deprimidos, cada vez más frustrados y decepcionados de la vida?


Para los cristianos y para quienes aún esperan contra toda esperanza, para aquellos que aún esperan en Dios y esperan de Él la salvación, ¡Dios se ha hecho hombre en el seno de una mujer! Y no sólo eso: Jesús, el Hijo del Padre eterno que nació de María Virgen, nos ha reconciliados en la Cruz, y resucitando ha abierto para todos los que creemos en Él las puertas de la vida eterna, una vida plena de felicidad en la que nuestros más profundos anhelos serán plenamente saciados. En este tiempo de Adviento los cristianos estamos llamados a intensificar nuestra esperanza para vivir de esa esperanza, siempre preparados para cuando el Señor nos llame a su presencia, así como también para saber dar razón de nuestra esperanza a tantos que en el mundo carecen de ella: “Al contrario, dad culto al Señor, Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pedro 3,15).


Por lo tanto, el Adviento requiere de nosotros disposiciones especiales. Primero, una actitud de verdadera espera, y por lo tanto de cambio. Lo que no se espera no acontece. No debemos ser como los siervos dormidos del evangelio de Marcos 13,33-37, o como las vírgenes necias de Mateo 25, 1-13. El Adviento nos hace darnos cuenta de la necesidad de Dios que tienen los seres humanos, debe devolver la esperanza a una humanidad desencantada y desamparada. Las aspiraciones modernas, acentuadas por la actual pandemia, de unidad, de comunidad, de dicha, de solidaridad, de paz, son puntos magníficos de inserción en la Buena Nueva de Jesús. Visto en profundidad, sólo Él posee y da esos bienes. Prolongando la encarnación de Jesús, debemos vivir un amor responsable no de lo que nos sobra, o de aquello que nosotros queremos, sino de aquellos que los otros necesitan, humanamente y en el terreno de la fe, haciéndonos activamente presentes en la sociedad creyente y en la civil en sus mismas necesidades, viviendo la experiencia de la pobreza evangélica en su radicalidad y no sólo en su espíritu, como Jesús, como confianza en Dios y con amor solidario. No olvidemos que Jesús nuestro Señor comprometió su persona, no solo medios humanos.


Jesús vino a sanar enfermos y a liberar cautivos de forma integral. Entendamos ahora la enfermedad como realidad no sólo biológica sino también personal, espiritual y social. Y necesariamente tenemos que entender la liberación no solo en sentido político, sino también psicológico, social, cultural y creyente. Dios viene hoy al mundo, pero ahora en nosotros y con nosotros. Es hora de que todos los cristianos colaboremos con amor y responsabilidad.


JESÚS EN CLAVE DE NAVIDAD.

Dios se hace Navidad en todos los cristianos y Dios quiere que los cristianos nos hagamos Navidad de Dios a favor de los seres humanos. Las grandes necesidades del mundo, los mayores deseos de los hombres están directamente afectados, tocados por la encarnación de Jesús. Él es remedio y salvación universal. Y lo es a través de nosotros.


La verdad de Jesús al mundo fue anunciada por Isaías, señalada por Juan el Bautista, acogida con fidelidad ejemplar por María. Si los profetas nos dicen cómo será el Mesías, Juan el Bautista nos dice quién es el Mesías. Y nos grita: “Convertíos, porque ha llegado el Reino de los Cielos” (Mateo 3,2). María es la gran figura del Adviento. Ella vivió el mejor adviento desde la anunciación al nacimiento de Jesús. Fue fiel acogedora de la palabra de Dios hecha carne en ella. Su propia sangre fue la de Jesús. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres.


Jesús nos enseña con insistencia ese estar preparados, y tal insistencia indica la importancia que reviste mantener la atención puesta en la llegada del Señor Jesús. Para ello se quiere orientar el paso, que cada uno debe dar, hacia Quien es el origen y término. En nuestra sociedad actual, respiramos una atmósfera ateisada o absolutamente prescindible de Dios. No podemos prepararnos a recibir a Quien no esperamos. La tristeza de una vida sumida en la incredulidad parece invadir a mucha gente, y a las estructuras que constituyen su vida social y cultural. La urgencia de dar lugar a Dios, en la vida de relación con las personas y con las cosas aparecen como respuesta al estado generalizado de desconcierto y amargura. El Adviento en clave de preparación para la Navidad representa esa respuesta. Parece que nos hemos quedado en una superficie sin proyección, como la fácil preparación de una romántica celebración sólo cultural, un tanto folclórica. ¿En que sentido? Pensamos que la Navidad es Papa Noel, una ocasión para reunirse en familia. ¡Navidad es Jesús! Y sin Jesús no hay Navidad. No dejemos, pues, que la preocupación por comprar regalos, por preparar la cena familiar, por la cercanía de fin de año calendario, la invasión de comerciales, la tristeza por la ausencia de algún o algunos seres queridos nos arranque a Jesús de nuestras mentes, de nuestros corazones, de nuestras familias, de nuestras sociedades todavía cristianas.


En consecuencia, debemos trascender lo que hicimos hasta hoy. BELÉN es el ángulo más humilde de la historia humana. Es elegido por Dios para que su Hijo hecho carne- de la nuestra- se constituya en el SALVADOR de cada ser humano. Desde la encarnación, todas las esperanzas, grandes o pequeñas, obtienen su sentido trascendente. Es, pues, un error imperdonable empobrecer el mayor acontecimiento, arrinconándolo o diluyéndolo, entre ocasionales encuentros de tono festivo. De allí la urgencia que nos hace el mismo Jesús de estar siempre alertas: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llega el momento” (Marcos 13,33). Juan Bautista uno de los personajes claves y emblemáticos del Adviento viene a preparar la llegada del Mesías. Su convocatoria a la conversión, y el signo que le expresa, el bautismo penitencia, posee como propósito el reconocimiento honesto de los pecados personales y el consecuente cambio de vida. El mensaje profético de Juan Bautista considera a todos como destinatarios. Así lo entienden quienes acuden atraídos por su palabra ardiente y por su impresionante testimonio de vida. Se erige, con profundo sentido de su pobreza, el regulador ético de los que le solicitaban su bautismo. Es, pues, un verdadero preparador de la llegada esperada y sorpresiva, de Jesús, el verdadero Mesías.


ESPERAR A JESÚS VIVIENDO ALERTAS Y EN ESPERANZA.

El evangelista Marcos nos invita a esperar en Jesús. Pero esperar y confiar en Dios, no significa descuido y no hacer nada. No nos olvidemos que el tiempo y sobre todo nuestro tiempo se acaba. La tarea que tenemos entre manos, que Dios nos ha encomendado es inmensa y no podemos echarnos para atrás y encomendárselo a otros, Cada uno de nosotros, como cristianos, nos hemos comprometido a seguir a Jesús, nos hemos responsabilizado de construir, junto con Jesús, un mundo más justo y fraterno. Dios ha creado este mundo con todo lo bello y bueno que hay para que todos nosotros responsablemente lo gobernemos y lo cuidemos, lo usemos racionalmente.


Por eso, Dios quiere que seamos una humanidad de verdaderos hermanos, porque Dios nos quiere a todos como hijos y espera que nos encontremos con Él al final de los tiempos. Mientras llega ese final de los tiempos, somos invitados a estar vigilantes. A estar siempre preparados. No podemos jugar con Dios y dejar de lado lo que debemos hacer hoy para mañana. No podemos esperar a que la tarea que Dios nos ha encomendado, la realicen otros. A todos nos toca trabajar y estar vigilantes. La venida del Señor Jesús será cuando menos lo pensemos y Él quiere encontrarnos dispuestos para abrirnos la puerta y entrar con Él al Reino de los Cielos.


Por eso el Adviento, más que un tiempo limitado a estas cuatro semanas que celebraremos y ya estamos celebrando, ha de ser una actitud permanente, para vivir siempre comprometidos con Dios, con los hermanos en la construcción de un mundo mejor, más humano y conforme al proyecto de Dios Padre. Todos podemos responder a la llamada de Dios: aliviando sufrimientos, tratando de hacer felices a los demás, cada uno según sus posibilidades, pero tenemos capacidad para ayudar. No olvidemos de pensar en estos días cómo llevar a cabo nuestro compromiso con Dios. Compromiso que puede empezar por nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo. No olvidemos que allí donde haya alguien que trabaja por la paz, por la justicia, por ayudar a quienes sufren allí está presente, allí nace Jesús y esto no debemos olvidarlo, hacernos los desatendidos y no hacer nada. La exigencia de Jesús es clarísima, es necesario VIGILAR porque estamos, muchas veces, malgastando nuestra vida, nuestra realización como personas. Por eso, debemos despertar de nuestra indiferencia e involucrarnos en la promoción del ser humano. Que nuestro Adviento que empezamos a vivir sea tiempo de esperanza, hagámosla realidad con Jesús nuestro hermano.

JESÚS NOS DICE QUE VIVAMOS ALERTAS.

Vivir alertas es vivir atentos a la palabra de Jesús. Es como una llamada a vivir en libertad, llenos de esperanza, trabajando por la construcción de su Reino. Velad, es pues, tener ojos para la luz, vivir con frutos de amor, de fe, de esperanza cada uno en su tarea. Jesús nos exige eficiencia, responsabilidad, calidad: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto. ¿Por qué debemos vivir alertas? Sabemos que estamos rodeados por así decirlos de “enemigos” de “malos hermanos”, y también de innumerables distracciones. Vivimos en un mundo lleno de tentaciones y distracciones que matan el alma, por ejemplo, la droga, el alcohol.


ESTAMOS LLAMADOS A LA ESPERANZA Y A VIGILAR O ESTAR EN VELA.

Cuando hablamos de esperanza no hablamos de optimismo, pues ambas realidades son bastante diferentes. El optimismo es un estado de ánimo que viene dado por una situación óptima y por las circunstancias halagüeñas que acompañan a la vida persona o social. La Esperanza, sin embargo, es una virtud que anida en el corazón, como una capacidad que permite hacer frente a toda circunstancia adversa y que, desde la dignidad inalienable de toda persona humana, resiste activamente frente a los envites o tentación de cualquier mal, injusticia y pecado, y permite vislumbrar un horizonte distinto, aunque a veces sólo se perciba por la rendija del corazón humano donde siempre entra una chispa de luz.


Para los cristianos ese horizonte es un don de Dios y cuando se reconoce nos permite activar la esperanza mirando sobre todo hacia esa luz, sabiendo que su calor puede derretir hasta los montes. Los mínimos de justicia social a los que podemos aspirar, al menos en los países supuestamente democráticos, deben basarse en la Constitución de cada país. Cuando una persona o instancia política se salta las leyes fundamentales de un Estado está atentando contra la democracia, comúnmente aceptada como el más valioso de los sistemas políticos. En el tiempo de Adviento los cristianos hemos de vigilar para que el lento avance de la justicia social y política en el mundo y en los países siga su curso y podemos ir progresando en la paz y la concordia entre los pueblos.


El mensaje de Jesús a sus discípulos es una llamada a la esperanza y a la vigilancia constante y a la responsabilidad, a la fe activa, a la resistencia firme y a la actitud de oración permanente. El imperativo “velad” o “estad atentos” es el mismo utilizado en la interpelación de Jesús a los discípulos en Getsemaní. Desde aquí se percibe cuál es la señal a la que realmente hay que estar atentos en la perspectiva cristiana. Atentos a la hora del sufrimiento de cualquier persona humana y vigilantes para estar a la altura de la solidaridad requerida en la hora del dolor. El Adviento es una ocasión propicia para abrir los ojos y comprender lo que en este mundo en crisis y en plena pandemia está pasando. La gran crisis social, política, económica agravada exponencialmente en todo el mundo y en cada uno de los países, a quien afecta siempre es a los pobres y a los que sufren en este mundo de injusticia. Estemos en vela, pues, el que viene trae verdaderamente una realidad de salvación y de vida para todos. Es Jesús, el Señor de la Esperanzas, es Jesús el Señor- nuestra justicia.


JESÚS UNA INTERVENCIÓN EN LA HISTORIA QUE PRODUCE CAMBIO ESENCIAL.

Cuando Jesús nos advierte de que puede venir de modo imprevisto, es al mismo tiempo una directiva para todos. Dios hace, de sus intervenciones en la historia humana el acontecimiento que produce un cambio esencial, capaz de resolver las cuestiones de mayor influjo en la vida personal y social. Jesús cambia la historia orientándola a su verdadero destino de verdad.


Desde hace veinte siglos está trazada una línea simbólica antes de Cristo y después de Cristo. Las grandes fiestas cristianas Navidad y Pascua de Resurrección, marcan el año calendario y, con mayor o menor intensidad, detienen el ritmo de la vida cristiana. Es preciso que recupere su sentido y que Cristo, el Hijo de Dios encarnado, retome el comando de la historia de las relaciones entre las personas y los pueblos, hasta armonizar la providencial diversidad y establecer la paz. Difícil, hasta imposible empresa o tarea, para seres humanos que están debilitados por el pecado y necesitan de la acción redentora que los reconduzca. Es urgente encontrar un camino que desemboque en el Bien de todos. Jesús se identificó como el único Camino que permite el acceso a la Verdad y a la Vida. Los Apóstoles se presentan como transmisores y testigos acreditados por el mismo Señor Jesús, para evangelizar a todas las personas y pueblos. Lo hacen mediante la predicación de la Palabra y la fracción del Pan. La Iglesia ha recibido esa misión y es su indelegable labor cumplir hoy y siempre.


El Adviento nos prepara para recibir a Jesús- la Verdad- y para transmitir su auténtico conocimiento. Por ello es preciso disponernos personalmente a escuchar el anuncio explícito que nos sigue ofreciendo la Iglesia de los Apóstoles. El valor apostólico define esencialmente a la Iglesia y la exige predicar la única Verdad que la identifica ante el mundo. Jesús la Verdad que no se aviene a los criterios en boga, promocionados por intereses políticos sesgados de oportunismo. No todo el mundo desoye la Verdad encarnada en la persona de Jesucristo. Quienes la escuchan son silenciosos testigos cuya voz reclama ser identificada y respetada entre tantas otras. Adviento es un tiempo privilegiado para conocer mejor a Jesús, que se nos ofrece en la predicación de la Iglesia y en las celebraciones de los sacramentos. Por eso, es muy peligroso y perjudicial descuidar este tiempo santo y fuerte.


LA VIGILANCIA COMO EXHORTACIÓN Y EXIGENCIA DE JESÚS.

Velar significa, en sentido propio, no dormir, o renunciar al sueño de la noche, bien sea para prolongar el trabajo, bien para no ser sorprendido por el enemigo o por la muerte. El sentido figurado, equivale a estar preparado o en vigilia para combatir la negligencia o el egoísmo, con objeto de recibir al Señor que llega con su reinado.


Vigilar equivale a velar sobre algo o sobre alguien con atención y cuidado durante un tiempo, hasta alcanzar el fin deseado. Exige tener los ojos bien abiertos y actuar con responsabilidad. Precisamente la vigilia nació como tiempo de vela que precede a una fiesta y que sirve de preparación; tiene siempre un sentido escatológico de esperanzas.


La vigilancia ante la llegada de Dios equivale a estar despiertos, en actitud de servicio, prestando atención al futuro y sin tratar de evadirse del presente, a pesar de la indiferencia de este mundo. Dios viene a todos los seres humanos para salvar a la humanidad, herida de la injusticia y de muerte, a partir de la opción por los pobres y marginados, para implantar el reino de justicia entre nosotros. Esto nos exige una actitud vigilante, que no es pasiva, sino que consiste en discernir los signos de los tiempos, para reconocer la presencia activa de Dios y de su reino en los acontecimientos y actuar en consecuencia


La vigilancia permanente es la actitud espiritual que debe caracterizar a los discípulos que no deben dejarse atrapar por el cansancio o por la indiferencia, por el relativismo o por la relajación, sino que están llamados a vivir vigilantes en la espera imprevisible de su Señor. Y lo que el profeta Isaías anuncia es que Dios, el Padre de todos, sale al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de sus caminos. En Jesús que viene, que vino y que vendrá, se verifica este encuentro con la humanidad. Por eso estar atentos en el presente conlleva sobre todo velar por la justicia de Dios en nuestro mundo.


Jesús nos dice: “PERMANEZCAN ALERTAS”, si así lo hacemos, si pasamos este tiempo de espera preparándonos de esta manera para la venida de Jesús, dejándonos moldear de acuerdo a su Voluntad y a sus designios. Jesús mismo nos hará perseverar hasta el final, como dice Pablo: “Él nos hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento”. Jesús siempre nos ha insistido estar atentos a su Venida, preparándonos para recibirlo, cuando venga como juz justo. Este llamado es aún más insistente durante el tiempo de Adviento, ya que no estamos preparando para conmemorar en Navidad la primera venida de Jesús, cuando Dios se hizo hombre y nació en un momento preciso de nuestra historia y también en un sitio preciso de nuestra tierra: en Belén.


Nos encontramos entre una y otra venida de Jesús. La primera ya sucedió. La segunda no sabemos cuando llegará el momento. Pero sabemos que llegará. De hecho, cada día que pasa es un día menos que falta para su próxima venida. Y su llegada podrá ser en cualquier momento. Por eso el Señor Jesús, nos recuerda ¡tantas veces! Que estemos preparados y que velemos siempre y permanentemente.

ESPERANDO LA VENIDA DE JESÚS ORANDO INCESANTEMENTE.

Cuando Jesús nos dice “Tengan cuidado” y luego nos pide: “Estén prevenidos”, recordemos que a esto mismo añade el evangelio de Lucas: “oren incesantemente”, es decir, primero nos advierte en contra de los males y luego nos dice como ponerle remedio, y esto es con la oración. Oigamos a Jesús cuando nos dice: “Estén prevenidos” y para ello oremos incesantemente para quedar salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podremos comparecer seguros ante el Hijo del hombre. Muchas cosas nos son necesarias para vivir y no podemos prescindir de ella como los alimentos, tampoco podemos prescindir de las cosas espirituales, estas son aún más necesarias. Si no nos alimentamos nuestro cuerpo desfallece, si no oramos desfallece el alma. Si bien es cierto, que trabajar para vivir es una obligación no es menos cierto que como cristianos orar también lo es. Pero trabajar sin fe es desalentador y trabajar con una oración en los labios aumenta la eficacia.


Y orar no es decir muchas cosas con muchas fórmulas, es ponerse en la presencia del Señor y hablarle con palabras sencillas, que salgan del corazón, pero siempre teniendo en conciencia de saber con quién hablamos. Pero también orar es también hacer silencio para oír qué nos dice el Señor. Jesús a las multitudes les enseñaba diciendo que oraran sin desfallecer y con insistencia. Y para garantizar la eficacia de la oración y persuadir a la confianza en el Padre. Lo importante no solo es que debamos orar, lo hermoso y grande es que podamos orar.


LA PALABRA VIVA Y EFICAZ LA MEDITAMOS CON SAN PABLO EN SU PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS: “HERMANOS: A USTEDES GRACIA Y PAZ DE PARTE DE DIOS, NUESTRO PADRE, Y DEL SEÑOR JESUCRISTO. EN MI ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS LOS TENGO SIEMPRE PRESENTES, POR LA GRACIA QUE DIOS LES HA DADO EN CRISTO JESÚS. PUES POR MEDIO DE ÉL HAN SIDO ENRIQUECIDOS EN TODO: EN EL HABLAR Y EN EL SABER.

EL TESTIMONIO SOBRE CRISTO SE HA CONFIRMADO EN USTEDES, HASTA EL PUNTO DE QUE NO LES FALTA NINGÚN DON A LOS QUE AGUARDAN LA MANIFESTACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. ÉL LOS MANTENDRÁ FIRMES HASTA EL FINAL, PARA QUE NO TENGA DE QUÉ ACUSARLOS EN EL DÍA DE LA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. PORQUE DIOS ES FIEL, Y ÉL LOS LLAMÓ A VIVIR EN COMUNIÓN CON SU HIJO, JESUCRISTO, SEÑOR NUESTRO. (/1 CORINTIOS 1,3.9)


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